21 septiembre 2015

ALEXANDER SUPERTRAMP (LA HISTORIA DE CHRIS McCANDLESS)

J.J.D.R.
Miró a un lado y a otro y contempló la soledad reinante sintiéndose en plenitud consigo mismo por primera vez en su vida y orgulloso de su logro. Había llegado hasta allí. Dos años caminando a ciegas por ignotos senderos para finalmente terminar recompensado al admirar la vasta soledad de las montañas de Alaska. No hacía frío, pero aún así, notó que un escalofrío le sacudía el espinazo y un áspero nudo secaba su garganta. Dejó la mochila en el suelo y alzando los brazos en cruz, Inspiró y exhaló lentamente un aire tan puro como helado, tan oxigenado y cargado de sueños que rasgó sus pulmones. Sintió la bravura del cercano bosque. Comenzó a sobrecogerle el agudo silencio reinante. Quedó absorto ante la claridad del agua que serpenteaba tranquila bajo el cauce minimizado del río, salpicando oscuras rocas que aguardaban orilladas y cubiertas por una espesa capa de musgo olvidadas por el cauce fluvial que plácidamente bajaba hacia el amplio valle. Ladera arriba ascendía un bosque de esbeltas coníferas y abetos de esquilmada copa. La fortaleza de sus ramas soportaría llegado el invierno el peso de unos cuerpos rechonchos plegados bajo la nieve y el hielo. La pradera bajo sus pies exhalaba una húmeda fragancia de naturaleza viva y, tocando con la punta de los dedos las altas briznas de hierba, halló respuesta a muchas de sus inquietudes bajo el tacto íntimo que le ofrecía aquella tierra salvaje.

ALASKA, Foto www.fondosgratis.mx
Ciertamente poco o nada sabemos sobre qué sintió Chris Mcdandless cuando finalmente llegó a tierras de Alaska. Pero es fácil hacerse una idea si tenemos en cuenta que dejó todo aquello que poseía, estudios, trabajo, amigos, familia; para ir en busca de un único fin, hallar las verdades ocultas tras la palabra libertad, para lo cual, no sólo eligió uno de los lugares más inhóspitos y salvajes del planeta, sino que se aventuró en tierra hostil sin apenas recursos y conocimientos para la subsistencia básica.
Chris McCandless nació en Virginia (EE.UU.) el 12 de febrero de 1968. De familia acomodada, se crió en el condado de Fairfax a las afueras de la localidad de Annadale. Su padre, Walt McCandells, trabajó como ingeniero en la NASA y Hughes Aircraft durante la década de los 60 y 70 como responsable de los sistemas de radares en los trasbordadores espaciales, así como en proyectos aeronáuticos avanzados. Chris y Carine, fueron el fruto de su segundo matrimonio con Wilhelmina Johnson, con quién montaría su propia empresa de consultoría tras retirarse de los grandes proyectos de la NASA.

CHRIS McCANDLESS junto a su hermana, Foto www.pinterest.com
Desde muy pequeño Chris comenzó a forjar un carácter competitivo que le llevó a exigirse logros en cada una de las actividades que emprendió. Su ímpetu competitivo y su pasión por correr le llevaron a competir en pruebas atléticas. Se graduó en la escuela de secundaria W.T. Woodson en 1986 y después en la universidad Emory en Atlanta en 1990 en Historia y Antropología con una nota de 7,5 habiendo sido columnista y editor del periódico de la universidad The Emory Wheel.
Es en esta etapa estudiantil cuando su apasionado temperamento comienza a sembrar en su interior la semilla de su descubrimiento como individuo ante la sociedad que le rodea. Se niega a participar de las excéntricas fraternidades - tan populares en las universidades norteamericanas - y comienza a rehuir y menospreciar una sociedad que le rodea y a la cual tacha de hipócrita, consumista y sin valores. Posiblemente la mala relación con su padre y el distanciamiento progresivo con su familia, aumentó la necesidad de emprender un viaje hacia tierras del norte, donde pretendía encontrar respuesta a todas las preguntas que le surgían en su interior cuando leía a Tolstoi o Thoreau y para las cuales sabía que no encontraría signos en los que parapetarse viviendo en una sociedad a la que entendía no pertenecía ni quería pertenecer.

EL DÍA DE SU GRADUACIÓN CON SUS PADRES, Foto www.butaconartes.blogspot.com
Cuando acabó su carrera, había logrado ahorrar un total de 24.000 dólares que en un principio le debían servir para seguir con sus proyectos finales. Lejos de sentirse intimidado por la aventura que deseaba emprender, donó todo el dinero a Oxfan América con la convicción de que los niños hambrientos del mundo necesitaban el dinero más que él. Se deshizo de todas sus posesiones, incluyendo tarjetas de crédito, y tras dejar una escueta nota en el piso que compartía con su amigo Lloid, sin detallar adonde se encaminaba, se montó en su viejo Datson amarillo del 82 y emprendió su viaje hacia lo desconocido, dejando atrás su vida y hasta su nombre, pues desde aquel instante, pasó a llamarse Alexander Supertramp.

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Durante días recorrió distancias kilométricas por polvorientas carreteras hasta llegar a Arizona. En las inmediaciones del desierto de Mojave, junto al lago Mead, le sorprendió una terrible tormenta en la cual una desbordante riada estuvo a punto de acabar con su vida cuando se guarecía en su viejo Datson. Con suerte pudo cargar con su mochila y salir del vehículo justo antes de que el agua turbulenta sumergiese el viejo Datson amarillo. Al día siguiente, el coche apareció, pero ya no le acompañaría en su aventura y prosiguió haciendo auto stop cargando con su mochila. En los siguientes meses alcanzó California y Dakota del Sur e incluso bajó en canoa el río Colorado hacía el Golfo de México. Durante todo este tiempo se mantenía gracias a trabajos eventuales que realizaba en labores del campo en pequeñas poblaciones rurales donde fue dejando amigos puntuales. Todo aquel que se cruzó con Chris McCandells, relataría posteriormente su inquebrantable decisión de alcanzar la soledad de los páramos de Alaska, y casi la totalidad de ellos intentó persuadirle de que aquella aventura le podía acarrear graves problemas en aquellos territorios salvajes e inhóspitos que seguro no eran lugar para un joven sin preparación ni medios adecuados para la supervivencia extrema.

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Dos años después de su partida llegó finalmente a Fairbanks en Alaska. Por aquel entonces su familia llevaba mucho tiempo buscando a Chris por todo el país, pero sin rastro alguno que delatase su identidad, su huella se había esfumado como el propio humo de una hoguera prendida en mil senderos recónditos.
La última persona en ver a Chris McCandells con vida fue James Gallien, quien llegó a congeniar con el joven con el que pasó un breve período de tiempo antes de dejarle en la senda de Stampede Trail, lugar desde el que se adentró en solitario hacia las tierras salvajes. James Gallien trató de persuadir a Chris de los peligros que aquellas tierras escondía, y buscó maneras diversas para hacerle entender que no estaba preparado para sobrevivir en aquel territorio tan hostil. Viendo que el empecinado muchacho no retrocedería en su objetivo, se dio por vencido, y trató de convencerle para que se aprovisionase de víveres y útiles que le servirían en su aventura, pero Chris McCandells se negó rotundamente, y sólo aceptó como regalo unas botas de caucho, un poco de maíz, otro tanto de atún y algo de arroz, vituallas que por cantidad solo le servirían para unos pocos días.

Foto www.debalie.nl
El universo de sus sueños se presentó por fin delante de sus pies. Laderas hermosamente labradas de terciopelo verde, abruptos bosques rallados en sus raíces por húmeda hierba, senderos cubiertos por huellas antiguas cercados por piedras enormes que guiarían sus pasos y como telón de fondo, las altas montañas nevadas. El universo de sus sueños estaba allí, rodeando sus pies y su cara y sus brazos…y gritó al mundo… y su grito fue tan salvaje como su propio corazón.


Tras caminar durante horas, llegó a una extensa explanada verde. En este lugar descubrió un pequeño autobús abandonado como una señal perdida de la civilización de la que huía con tanto ahínco. Allí, en las tripas de aquel nido de metal, pasó su primera noche en tierra salvaje. Pasaron días y semanas. Adoptó el destartalado autobús como morada provisional durante el período que estimaba estaría aprendiendo a cazar pequeños animales, y asimilando conocimientos para llegar a distinguir plantas y frutos comestibles como indicaba el libro que llevaba sobre botánica de la región.

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Pero la vida salvaje se presentó ante él con toda su cruda realidad. Poco avezado en la captura de animales, comenzó a pasar días sin tener qué llevarse a la boca. Su cuerpo comenzó a debilitarse y la soledad de los días y las noches comenzaron a morder lentamente la delgada línea que divide la cordura del mundo de la ficción y las visiones, y sólo entre el frío metal del autobús, se aferraba a las letras de aquellos libros que susurraban en su mente las coordenadas exactas donde hallar su eterna libertad.

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Una mañana, cuando llevaba algunas horas caminando por el bosque se topó de frente con un enorme alce. Alzó su rifle y de un disparo certero arrebató la vida del gigantesco herbívoro. Primero sintió que el universo salvaje le daba permiso para seguir allí y la presa abatida era un regalo inesperado cuya carne le aportaría energía durante semanas. Después de intentar infructuosamente ahumar kilos y kilos de carne de alce descubrió, a los pocos días, que la carne se descomponía y pudría, lamentando haber matado al hermoso herbívoro. Se prometió así mismo no volver a disparar a ningún animal y así lo dejó escrito en su diario.

Foto artflakes.com
En su bitácora, en la página que relata lo que aconteció en su día 113 de aventura, narra su intento de alejarse del autobús en el que llevaba meses para adentrarse más allá del río, pero la crecida del ríoTeklanika le bloqueó el camino y tuvo que regresar.
Ya no volvió a salir del autobús, más allá de caminar en busca de alguna raíz o planta con la que alimentarse. La muerte se aposentó bajo la techumbre del autobús, y se vio morir lentamente padeciendo la locura del hambre, la soledad del universo y el desprecio de una libertad que creía ver salir por la puerta del vehículo sin siquiera dirigirle una última mirada.

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Dos excursionistas hallaron el cuerpo de Chris McCandlles dentro de su saco de dormir el 6 de septiembre de 1992. Junto a su cuerpo apareció una nota del 12 de agosto pidiendo ayuda. En ella alertaba a cualquiera que llegase al autobús que estaba recolectando bayas y que llegaría por la tarde. Que estaba solo y enfermo y necesitaba ayuda urgentemente. En otra nota con la misma fecha escribió, “He tenido una vida feliz y doy gracias al Señor. Adiós, bendiciones a todos.”
Su cuerpo apenas pesaba 30 kilos y llevaba muerto unas dos semanas. Sobre las causas de su muerte, la versión oficial determinó que falleció por inanición, aunque es muy probable que el consumo de ciertas bayas toxicas le produjeran la muerte, a pesar de que el estudio toxicológico derivado de la autopsia descartó que hubiera sustancias toxicas en su organismo.

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Es paradójico saber que a 400 metros del lugar que bloqueado el paso a Chris tras la crecida del río, existía una vagoneta colgada por raíles para cruzar el río utilizada por los foráneos de la zona. Los que conocían la zona quedaron extrañados de que el joven se atreviese a adentrarse en aquel territorio sin un mapa de la zona ni idea alguna de aspectos básicos que hubiesen salvado seguramente su vida.
¿Que qué hacía un autobús en aquellos parajes salvajes? La empresa constructora de Fairbanks (Yutan) se encargó de asfaltar una pista forestal en 1961. Colocaron tres autobuses de desguace para que sirvieran de alojamiento para los peones de la obra colocándoles una estufa y una litera. Cuando se marcharon, dejaron uno para que fuese utilizado por los cazadores que eventualmente se adentraban en la región.
Locura, irresponsabilidad,…estos y muchos otros argumentos fueron y son utilizados por la gente para juzgar la experiencia de vida de Chris McCandless.
Foto www.trademarkia.com
Su viaje está cargado de contradicciones, miedo, felicidad sin límite, cariño regalado por personas prácticamente desconocidas, soledad, angustia…pero en todo momento, su huella explícitamente sellada en sus manuscritos hasta prácticamente sus últimos días de vida, exigen al menos el respeto y la credibilidad que todo ser humano merece cuando camina en pos de encontrar la felicidad y la libertad. Por ello, lejos de querer juzgar miles de porqués innecesarios y respuestas que seguramente él mismo no quiso o no pretendió saber, me quedo con su valentía, con sus ansias de ver y sentir la paz del universo, con su arrojo y, sobre todo, con su espíritu libre, pese a que estos valores le llevaron ante las puertas de una muerte prematuramente dolorosa.

Foto www.getaforums.com
Su vida y la epopeya de su viaje fue divulgada por su biógrafo, el alpinista y colaborador de la revista Outside Jon Krakauer, reportaje que fue finalista del National Magazine Award. En 1996 el propio Krakauer editó la biografía de Chris McCandlles bajo el titulo “Into de Wild” hacia rutas salvajes, título que también utilizaría Sean Penn en su película de 2007 protagonizada magistralmente por Emile Hirsch.

Aportes y Datos:
Bibliografia; 
Hacia rutas salvajes, autor Jon Krakauer
http://www.christophermccandless.info/

15 septiembre 2015

SARCÓFAGOS DE KARAJÍA

J.J.D.R.
Y quedaron colgados y aislados en el farallón de roca, encerrados en sus coloridos y enormes sarcófagos, esperando que sus almas lograsen alcanzar la eternidad que aparecía oculta tras la frontera del cielo mientras sus retorcidos huesos envueltos en fardones de tela, observaban el transitar de la vida de sus congéneres desde la majestuosa atalaya que les serviría de morada eterna.

SARCÓFAGOS DE KARAJÍA Foto www.historiaperuana.com
Los Chachapoyas fueron un pueblo pre-inca que se extendió por los Andes amazónicos (Perú) en un periodo que comprendió el denominado horizonte medio e incluyó todo el periodo intermedio tardío aproximadamente en 900-1470 d.C.

Foto www.ngenespanol.com
La cultura Chachapoyas destacó por la elaboración de ricos y coloridos tejidos, construcción de complejos mausoleos, así como por sus monumentos pétreos y la construcción de enormes sarcófagos antropomorfos ricamente tallados, que demuestra el complejo y alto sentimiento que este pueblo andino sentía por el culto a sus difuntos y los rituales funerarios que rodeaba la partida definitiva de los miembros de su pueblo.

Foto www.terraantiqvae.com
Los Chachapoyas se asentaron al sureste de Bracamoros en la margen derecha del río Marañón, ubicando su centro neurálgico poblacional en el valle del río Utcubamba, cuyo nombre significa territorio de los agujeros o cuevas.

Foto www.romystours.com
Necesitaría alargar demasiado este artículo si pretendiese nombrar las muchas y variadas costumbres que tenían los Chachapoyas, como para poder contar la historia y belleza de cada uno de los lares que este maravilloso pueblo gobernó y sobre el que construyó fenomenales edificaciones como Llacta de Kuélap, Gran Pajatén, o el maravilloso mausoleo de la Laguna de los Cóndores.

Foto www.despiertaalfuturo.blogspot.com
Por todo ello, y aunque seguramente en próximos artículos pueda retomar alguno de estos lugares y dedicarle la merecida información, me centraré en su enigmática costumbre de momificar y enterrar a sus difuntos en sarcófagos enormes que depositaban después en las alturas de los acantilados más inaccesibles.

Foto www.peru21.pe
Los Chachapoyas, moradores del norte amazónico norteño, elevaron sobre un acantilado de 2.702 m.s.n.m, siete sarcófagos sobre una estrecha escarpadura de la montaña. Durante siglos, los sarcófagos se mantuvieron a salvo de indeseables saqueadores o el destrozo que pudieran haber ocasionado los animales de haber estado a su alcance. 

Foto www.limareps.com
Este curioso rito funerario Chachapoya quedó registrado en el Mercurio Peruano en 1791, y el texto llamó la atención de Louis Langlois en 1939 y posteriormente de los arqueólogos Henry y Paule Reichlen en 1950, aunque las indagaciones efectuadas sobre los sarcófagos fueron olvidadas sin mucho interés. Fue en el año 1985 cuando el antropólogo, arqueólogo e historiador peruano Federico Kauuffmann Doig, redescubrió para la ciencia los sarcófagos antropomorfos de Karajía totalmente intactos.

KAUUFFMANM DOIG Foto www.arqueologiadelperu.com
Su antigüedad, datada por radiocarbono, indicó que estos enigmáticos e inaccesibles féretros fueron construidos alrededor del 1.460 d.C. La pared que recubre el cascarón externo del sarcófago está realizada con arcilla mezclada con pequeñas piedras, madera desmenuzada y paja brava o ichu. Con todo ello lograban una argamasa fuerte y compacta que tras el tiempo transcurrido se ha podido comprobar su gran durabilidad y resistencia a los elementos externos.

Foto www.perutoptours.com
Una vez terminados, habiendo sido perfilados los rasgos característicos de nariz y mandíbula prominente, fueron pintados de blanco y decorados con tonos rojizos. El cuerpo del difunto, previamente momificado, era colocado en cuclillas o en posición fetal, y tras ser envuelto entre varias capas de fino algodón y un gran manto o fardo funerario, por último se introducía en un saco de cuero de venado que era atado fuertemente con cuerdas o juncos y colocado mirando hacia el frente dentro del sarcófago.

Foto www.auperutours.com
Se pudo conocer el interior de los sarcófagos debido a que uno de ellos se halló muy deteriorado posiblemente a consecuencia del terremoto que sufrió la zona en 1928. Po ello también se pudo averiguar que el difunto era enterrado junto con un pequeño ajuar funerario compuesto principalmente de objetos cerámicos y pequeños utensilios oferentes.

Foto www.terraantiqvae.com
Los sarcófagos o Purunmachos antropomorfos, con una altura media de 2,50 metros de altura, fueron alzados sobre el farallón de piedra calcárea de la margen derecha de la quebrada de Somal. Desde tan elevada atalaya, los difuntos escaparon de las oscuras azadas de los huaqueros y la depredación faunística y hoy día, dentro del complejo arqueológico de Chipuric, continúan dominando el paraje andino con la mirada posada en el horizonte perpetuo, tras haber escapado del férreo yugo terrenal volando envueltos en sus gruesos fardos tras las huellas del tiempo.

Aportes y Datos:
El comercio. pe
http://e.elcomercio.pe/66/doc/0/0/1/9/2/192970.pdf
Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/Sarc%C3%B3fagos_de_Caraj%C3%ADa
De Perú
http://www.deperu.com/cultural/sitios-arqueologicos/sarcofagos-de-karajia-2630
Historia Cultural
http://www.historiacultural.com/2008/10/cultura-o-reino-chachapoyas-intermedio.html