21 diciembre 2015

SUPERCÉLULA

J.J.D.R.
Alrededor de la pequeña isla el mar agasajaba la costa ofreciendo sus velos de dorado y añil repartidos a lomo de las dispersas olas espumosas. El idilio entre mar y arena, entre el mundo terrenal y un sereno y apacible cielo, se fue descomponiendo en cuestión de segundos, el tiempo justo y necesario para que el firmamento se contrajese sobre sí mismo provocando que una anticipada nocturnidad se posase sobre la isla poseyéndolo todo. Una enorme cúpula espectral, compacta y centelleante, inició su gobierno del cielo más cercano. Su núcleo, oscuro como la entrada al averno, crepitaba a medida que la cúpula de metálica simetría intensificaba su ritmo frenético de circunnavegación sobre la pequeña isla, mientras sus habitantes, pasados unos minutos interminables, se vieron aislados, acobardados y ateridos de ignorancia, ante el peso de un universo que se a todas luces se les caía encima.

SUPERCÉLULA Foto www.earthlynation.tumbtr.com
Los cazadores de tormentas, aventureros que viajan tras las huellas de los fenómenos atmosféricos más espectaculares que Gaia espolvorea por el mundo de tanto en tanto, desean con todas sus fuerzas contemplar y fotografiar el que probablemente sea el más escalofriante que pueda surgir en los cielos. Los meteorólogos lo llaman “supercélula o supercelda” y su sola visión en el firmamento, aunque poco común y totalmente imprevisible, es capaz de provocar la sensación de que ha llegado el apocalipsis final.

Foto www.pinterest.com
Corrientes de temperaturas dispares se enfrentan en el cielo. Bajas presiones, por norma general con dirección este-norte, se ciernen sobre un frente frio de baja presión. La dispar velocidad y la humedad del aire caliente chocan con el frío sistema de aire seco. La semilla del terror comienza camuflada como una enorme nube que gira lentamente durante un espacio de tiempo indeterminado. El núcleo de la supercélula aumenta de tamaño a gran velocidad y, bajo el gobierno de relámpagos constantes y lluvia extrema que puede caer en forma de granizo del tamaño de naranjas, la tormenta alimenta en su epicentro un mesociclón que hace que la tormenta gire sobre sí misma como un gigantesco embudo atronador.

Foto www.eteovision.com
La enorme boina de terror cubre todo el cielo, escupiendo truenos y relámpagos en un gemido rotundo y áspero que acalla la rutinaria melodía de la vida en la Tierra. El sonido, que comenzó siendo un pequeño lamento discontinuo, crece hasta convertirse en un histriónico concierto de roncos bufidos penetrantes que acallan la voz de toda señal de vida bajo su cúpula de terror.
La aparición de una supercélula es poco o nada predecible. La madre de todas las tormentas, ha dejado su indiscutible sello de miedo en diversos puntos del globo terráqueo, sobre todo en Estados Unidos.

Foto www.cazaimagenes.com
Observando las fotografías obtenidas de estas grandes tormentas, cualquiera que mire al cielo y vea aparecer este terrorífico fenómeno natural en el cielo, podría pensar, sin que por ello le tildasen de loco, que el final del mundo llegó, o bien que los extraterrestres han encontrado finalmente el camino hasta este planeta azul llamado Tierra.

Aportes y Datos:
El confidencial
http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2014-05-20/supercelulas-la-espectacular-combinacion-de-una-tormenta-y-un-ciclon_133462/
Wikipedia.org
https://es.wikipedia.org/wiki/Supercelda
Noticias el tiempo
http://noticias.eltiempo.es/2014/05/20/la-formacion-de-una-supercelda/

10 diciembre 2015

PHILLIPE PETIT (CAMINANDO EN EL VACÍO)



J.J.D.R
Phillipe Petit nació en Nemours (Francia) el día 13 de agosto de 1949. Desde muy temprana edad comenzó a mostrar una personalidad inquieta y extrovertida. A medida que crecía, igualmente sus actitudes para el arte aumentaban, tanto, que pronto dirimía su tiempo entre la pintura, la escultura, el dibujo y el teatro, e incluso la equitación y el complejo esgrima ocuparon su deseo y su tiempo de juventud.

PHILLIPE PETIT
A los 17 años abandonó su casa. Se dedicó a callejear en busca del aplauso de los viandantes como mimo en alguna esquina o haciendo malabares entre las terrazas de los bares y las plazas importantes llenas de turistas. Es cierto que en aquellos años pasó hambre y mucho frío, pero el aplauso del improvisado público calentaba su espíritu y reconfortaba su sufrimiento. Phillipe Petit está considerado uno de los primeros juglares callejeros modernos de París. Monociclista, mago y equilibrista, en el año 1968 comenzó realmente su carrera con la que se ganaría posteriormente el respeto, llegando incluso a dejar absortos y boquiabiertos a medio mundo.

EN 1971 SOBRE NOTRE DAME
Es en la cuerda floja dónde Phillipe muestra su grandeza absoluta. Le gusta ascender por el milimétrico cable y sentir el zarandeo del viento en sus costados. Cuanto más alto asciende, más es su disfrute y su convencimiento de alcanzar retos aún mayores.
Un día, tras un terrible dolor de muelas, acude a la consulta de un dentista. En la sala de espera decenas de revistas esperan ser ojeadas. Hay una en concreto que llama la atención de Phillipe. En su portada se muestran las fotos de la construcción en Nueva York de dos torres de tamaño descomunal. Son gemelas, y tras el concurso de obreros y arquitectos, las azoteas de aquellas moles de hormigón cristal y acero, alcanzarían las nubes del cielo neoyorquino sobrepasando los 400 metros de altura. Sin lugar a dudas, nada más grande se ha construido hasta la fecha.

Foto www.lefigaro.fr
Aquel día de 1968 Petit salió de la consulta del dentista con una idea fija en su cabeza. Quería subir aquella torre, pasar un cable hasta su hermana gemela, y cruzar caminando sobre un cable el vacío que las separaba.
Antes de alcanzar aquel loco sueño, fueron los franceses quienes asombrados vieron como Phillipe Petit caminó sobre la catedral de Notre Dame. Después fue el turno de los australianos en su puerto de Sydney los que le vieron danzar sobre su cable de acero, mientras el vacío penetrante se abría a sus pies. Pronto vino la Torre Eiffel y el Palais de Chaillot, al igual que, en la misma época, acudió con su cable y su contrapeso a deslumbrar al público de Lousiana y Hennepin County en Estados Unidos.
Fue precisamente en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, donde en 1970 actuó exitosamente en el Washintong Square Park.

Foto www.imax.com
Es en aquellos primeros viajes a Nueva York donde Phillipe comienza a recabar información sobre la construcción de la torres. Haría incluso varios viajes expresamente para observar la edificación de las gemelas. Cruzar el vacío entre ambas torres se convirtió en su máxima obsesión. Tanto es así que después de 6 largos años, decide que ha llegado el momento de alcanzar su meta.


Contando con un reducido grupo de colaboradores, comienza a visitar asiduamente las instalaciones del WTC (World Trade Center), familiarizándose con el personal de seguridad, con los horarios de los empleados, y dejándose ver hasta llegar a resultar familiar.
En varias ocasiones se coló en las azoteas de las torres. Fue de ésta manera como consiguió recabar los datos esenciales que necesitaba para abordar su arriesgada travesía. Llegó incluso a falsificar tarjetas de identificación. En alguna ocasión lograron detenerle interrogándole sobre su actividad. Salió al paso diciendo que era trabajador de una empresa que estaba instalando vallas electrificadas en las azoteas.

EN LAS TORRES GEMELAS Foto www.usatoday.com
Cuando había tomado todos los datos que necesitaba sobre la estructura y armazón de las torres, planificó al detalle las medidas del contrapeso que utilizaría y el grosor y peso del cable por el cual caminaría. Ésta tarea no fue nada fácil, ya que aún tendría que calcular las oscilaciones que soportaría su cuerpo debido al balanceo de las propias torres. Al final tomó la decisión. Caminaría sobre un cable de 240 kg y cargaría con un contrapeso de 7,9248 mts y 27 kg.
Llevaba 6 largos años planificando al detalle aquella gran actuación. Se dedicó plenamente a estudiar cada detalle no dejando nada al azar, para que tan solo, su valentía, su tesón, y su locura pasión por el riesgo exacerbado hicieran el resto.
El día 7 de agosto de 1974 estaba todo dispuesto. El día anterior, una vez más sorteando las medidas de seguridad del WTC, lograron subir hasta las escaleras de la azotea de la torre sur el material necesario.

Foto vintage.es
Eran las 7:15 de la mañana. Phillipe Petit, de 24 años, estaba en su lugar soñado. Casi podía tocar las nubes con los dedos. El viento no hizo acto de presencia, y una calma perturbadora envolvía su cuerpo.
Con un arco lanzaron una flecha con un sedal de torre a torre. De esta manera pasaron el cable, para posteriormente calzarlo y asegurarlo con soportes y vientos a la estructura.

Es una línea recta. Que se enrolla sobre sí misma. Que oscila. Que se comba. Que vibra. Que es hielo. Que está tensionada a tres toneladas, lista para explotar. Para disolverse. Para disolverme. Para tragarme. Para lanzarme silenciosamente al vacío encerrado entre las dos torres. El cable espera.”

Con las dos torres casi terminadas, aquella mañana, los viandantes rápidamente comenzaron a ver cómo un hombre, caminaba sobre el cielo de Manhattan. La muchedumbre que salía de las bocas del metro, se agolpaban en las aceras, y de los vehículos se bajaban para contemplar el espectáculo maravilloso de Petit. La policía y los servicios de vigilancia corrieron a detener al joven funambulista. Pero era demasiado tarde.

Éste es probablemente el final de mi vida, caminar por ese cable. Y, por otra parte, algo a lo que no me podía resistir, ni haría ningún esfuerzo por resistirme, ese cable me llama. Y la muerte está muy cercana.”

Phillipe Petit caminaba a 417 metros sobre el suelo, elegantemente, parándose de vez en cuando para saludar tranquilamente a la gente. Los guardias le arengan e increpan para que vuelva a la azotea y se entregue. Es en ése momento cuando Petit se acomoda recostándose sobre el cable y comienza a hablar con una gaviota.
El estupor de la gente es absoluto. No dan crédito a lo que ven. Creen que está loco, que es un lunático, pero la belleza del espectáculo que Petit les regala es demasiado potente para ser calificarlo de manera tan simple.

Foto www.fastcompany.com
Durante 45 minutos caminó hasta 8 veces de un lado a otro de las torres, salvando una y otra vez los 42,672 metros que las separaban. A cada regreso a las azoteas le esperaban los policías, y Petit les regalaba una sonrisa para acto seguido dar media vuelta y volver al vacío.
Y todo concluyó. El mayor espectáculo artístico posible terminó. Al final alcanzó Petit la azotea y fue tragado por los brazos de los agentes de policía. Lo empujaron y esposaron mientras bajaban a la calle. Después declararía que fue mayor su miedo en brazos de los agentes que sobre el propio alambre. Al llegar a la calle, una multitud entusiasmada aplaudía y vitoreaba a Petit. Los medios de comunicación intentaban sacar alguna palabra al joven que, tras la pregunta de un periodista sobre el porqué de aquella locura, Petit respondió pausadamente; “Cuando veo tres naranjas hago malabares, cuando veo dos torres, las cruzo.”

ACOSTADO SOBRE EL CABLE
Se le imputó varios cargos de los que rápidamente fue absuelto, sobretodo por el gran impacto mediático que logró. La gente sentía verdaderamente admiración por Phillipe Petit. Y, como única sanción, se le impuso actuar para los niños en Central Park sobre el lago Belvedere Tartle Pond. Lógicamente lo hizo encantado.

Foto theguardian.com
Su arte espontáneo y lleno de belleza inundó las páginas de los periódicos. El presidente del WTC, Guy F. Tozzoli, al que se le conoce como gato de 9 vidas por salir ileso del 11 de septiembre dijo; “Phillipe Petit planificó y ejecutó el crimen perfecto…y el mundo entero lo adoró por ello”.


Sobre la vida de Petit se realizó un documental, Man on Wire, dirigido por James Marsh y que acaparó todos los premios posibles. Ganó el premio del jurado y el de audiencia en el festival de cine de Sundance 2008. Posteriormente en 2009 ganó el Bafta a la mejor película británica, el Independent Spirit Awards y el Oscar como mejor documental de larga duración.
Petit llegó a decir; “no necesito de la fama ni de la publicidad, y no dejaré que me conviertan en millonario”.

CARTEL DE LA PELÍCULA MAN ON WIRE
Cuando entregaban el oscar al mejor documental, Petit corrió hacia el escenario junto a James Marsh lleno de energía y con una sonrisa en su rostro. Mientras hablaba al público ejecutó un truco de magia con una moneda, y cuando le cedieron el Oscar, lo cogió y se lo puso en la barbilla para realizar equilibrios con la estatuilla bajo la mirada de asombro de todos. Después se despidió agradeciendo a la academia por haber creído en la magia.
El siguiente presentador comentó alucinado; nada más que por esto que ha hecho, se merece el premio.

EN LA ENTREGA DE LOS OSCAR
El arte tiene infinidad de formas y maneras de expresión.
Sobre un cable de acero, Phillipe Petit caminó entre las nubes como quién pasea por el salón de su casa. El arte no tiene fronteras ni alturas, el arte es un germen que nace y se desarrolla en el interior del ser humano y clama salir y ser entregado para disfrute del mundo.


"En breve se estrena The Walk, película dirigida por Robert Zemeckis, donde se narra la vida de Phillipe Petit, y el gran desafío que fue su vida caminando sobre un cable de acero sobre el vacío"


Aportes y Datos:
Texto de mi anterior blog Centinela del Sendero