21 marzo 2015

RECOLECTORES DE MIEL DEL NEPAL



J.J.D.R.
Un humo ceniciento asciende desde la base del campamento. A cierta altura, unos trescientos metros del suelo, se forma una estrecha capa de niebla blanquecina que dificulta la respiración, nublando la visión y entorpeciendo cada movimiento que realizan en las alturas los recolectores de miel del Nepal.

Foto www.ericvalli.com
Sobre la piedra antigua de los montes malayos, en la región de Surkhet entre grietas y agujeros, unos pocos pies desnudos se aferran a la vida con tan sólo la ayuda de trenzadas cuerdas y algunas escaleras fabricadas con caña de bambú.
Colgados del abismo, desafiando la muerte, los recolectores se acercan con antorchas encendidas hasta llegar a escasos metros de los codiciados nidos de la Apis Laboriosa, la mayor y más productiva abeja melífera del mundo.

Foto www.ericvalli.com
Dos veces al año en sus arriesgadas batidas de recolección los diferentes pueblos se desplazan hasta las faldas de los acantilados. Aunque hombres y mujeres comparten diariamente sus tareas, la recolección de la miel y su procedimiento y ritual, es una tarea sólo permitida a los hombres y un legado que pasa de padre a hijo.
Al llegar a los pies de la montaña se asienta el campamento y se procede a los rituales antes de abordar la pared rocosa.

ENORMES PANALES DE MIEL
Aunque cada etnia tiene su propia ceremonia, casi todos coinciden en la ofrenda de flores, fruta y arroz, amenizado todo ello con plegarias que son tributo a la Apis Laboriosa y en honor de aquellos hombres que jamás llegaron a descender con vida de las alturas.
Las grandes y verdes hojas sirven para que el humo suba en chimenea hasta alcanzar las colmenas y adormilar de esta manera a las abejas. Acto seguido son los hombres los que, sin ningún tipo de arnés o elemento de seguridad, se descuelgan sobre las trenzadas sogas hasta llegar a escasos metros del nido. Utilizando una larga vara, en cuyo extremo han colocado un machete, seccionan en cuartos el panal y lo depositan en los fardos y capachos que bajan hasta la base del campamento.


Los nidos  de las abejas llegan a medir hasta un metro de longitud y ochenta centímetros de ancho, son enormes circunferencias rojizas que sobresalen del acantilado como abanicos abiertos en el cielo asiático.
Un ejército de rayados soldados lucha por no caer en el aturdimiento que provoca  el áspero humo que desprenden las antorchas y revolotean alterados prestos para lanzar sus aguijones sobre los atrevidos ladrones.
Protegidos con sus Lukspa-rudimentarios sayos fabricados con fibras de ortigas- los cazadores de miel de la etnia Raji, cortan con sus grandes varas de caña los panales repletos de rica y codiciada miel.


Durante la jornada de caza que suele durar de tres a cuatro horas, cada individuo ha de protegerse de las picaduras de las abejas mientras el humo les nubla la visión y sus fosas nasales se obstruyen con el hollín. Pero no hay día en el que los penetrantes aguijones dejen de sellar con dolor la piel de los intrépidos recolectores.
Generación tras generación, diferentes etnias del Nepal cosechan los frutos de la Apis Laboriosa o abeja de las rocas con la perfección desarrollada durante siglos colgados entre los acantilados y riscos a alturas sorprendentes.

Foto www.ericvalli.com
La mayor abeja del mundo, que llega a medir tres centímetros de longitud, es endémica de las regiones del Himalaya y puede construir sus enormes nidos a alturas superiores a 3500 metros, siendo sus panales capaces de reunir hasta 60 kilos de miel. El aguijón de la Apis Laboriosa es de pequeño tamaño siendo su efecto terriblemente letal.
El fruto de las colmenas es muy codiciado en el mercado mundial, y su precio puede superar hasta cinco veces el precio de una miel común. Una de las características más sugestivas de esta rica miel es el efecto relajante que produce su consumo producto de la ingesta por parte de las abejas de la grayanotoxina que se encuentra en el néctar de los rododendros blancos.

Foto www.ericvalli.com
Durante siglos y siglos, los Raji, Irula, Kutumba y otras etnias nepalíes, han cosechado la miel de los árboles y acantilados para el uso terapéutico de su pueblo o como moneda de intercambio comercial con otras tribus de la zona. El incremento del turismo y la proliferación de los campos de cultivo de té, unido a la expoliación de los nidos de abeja fuera de los periodos establecidos de manera natural, están poniendo en jaque la continuidad de la especie melífera y el sustento de los pueblos de la región.
El trabajo de dos fotógrafos, Eric Tourneret y Eric Valli, es eco vivo y testimonio viajero, de las andanzas de estas etnias nepalíes por sus extensos territorios a través de senderos legendarios tras la búsqueda de las abejas melíferas del Nepal.


Desde tiempos inmemoriales, testimonio de vida y riesgo mortal grabado en rupestres pinturas de más de dos mil años de antigüedad, las genuinas sociedades tribales del Nepal siguen recolectando la miel de la Apis Laboriosa como lo hicieron sus ancestros en tiempos pasados, evocando son sus ritos y arriesgado método de recolección, la estampa primigenia del hombre ante la mayor despensa de la Tierra…la propia naturaleza.

Aportes y Datos:
Texto de mi antiguo blog Centinela del Sendero






11 comentarios:

  1. Es sorprendente, de esto tampoco tenía ni idea, cuanto mas aprendo se que se muy poco . Gracias porque lo cuentas bien , sin ambages ni rodeos. Un abrazo

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  2. IMPRESIONANTE lo que esta gente debe hacer para obtener tan codiciado tesoro!!!
    Como siempre, más que interesante tu artículo.
    =)

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  3. Mira que me maravillas con tus post, pero este ya es excelente , las fotos una pasada.
    Besitos

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  4. En las tardes de la segunda cadena de tv. vi este reportaje, sinceramente es impresionante, tus palabras no dejan indiferente, y las fotos muy buenas
    Un abrazo afectuoso

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  5. Hay que echarle un par de ..... para subirse allá arriba metido entre cientos de miles de abejas que te picotean para alcanzar ese manjar,que por otra parte, seguro que hay otros que no se pringan que se llevan más pasta que ellos.
    Ya había visto este reportaje en la tele y creo que tu lo pusiste hace bastante tiempo en tu otro blog, no deja de soprender, desde luego y gracias por recordarlo.
    un abrazo amigo

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  6. Realmente es sorprendente lo que la aleznara crea y como hay personas que para mantenerse son capaces de arriesgar su integridad para conseguir el sustento de su casa.
    Impresionantes las imágenes!!
    Besos

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  7. Hola Jorge, recuerdo cuando pusiste el articulo en el otro blog, pero por mucho que se vea y lea no deja a nadie indiferente, tiene "gracia" que para obtener uno de los alimentos de su dieta y seguir viviendo tengan que arriesgar sus vidas, que paradojas tiene la vida verdad?, pero desde luego la labor que hacen no la hace cualquiera y deben tenerlos bien puestos:), me alegro que lo hayas vuelto a poner ya que es grato ver este magnifico articulo.

    Besos.

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  8. Estremecimientos Jorge, es de una belleza y dureza bárbara.
    GRACIAS¡¡¡

    Besos fuertes,

    tRamos

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  9. Estoy alucinando, es increíble y sorprendente el riesgo y trabajo para conseguir tan codiciada miel. Espero al menos, la venta justifique el grandísimo esfuerzo!! Me ha enantado tu entrada, interesante e ilustrativa. Gracias por compartirla!

    Un abrazo!!

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  10. Hace unos años vi un documental de este tema, me pareció interesantísimo, y ahora al ver tu entrada me ha gustado más aun. Sabes buscar las cosas más sorprendentes que casi siempre da la naturaleza, eres un buen detective de la magia del planeta. Preciosa y bien documentada tu entrada (como siempre). Un abrazo amigo.

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  11. A todos, muchas gracias por vuestros comentarios. Trato de ponerme un poco al día con el blog, e iré pasando a visitaros a todos pronto.
    Un abrazo fuerte.

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