14 junio 2015

ISLA DE PASCUA (EL OMBLIGO DEL MUNDO)

J.J.D.R.
La isla recibe los últimos rayos de un sol que acaricia el horizonte en su rápido descenso. Desde lo alto del volcán Manga Terevaka, la magnitud del océano en el litoral pascuense desvela la soledad de un lugar alejado de todo. La luna aparece reflejando furtivamente su circunferencia sobre la laguna del cráter Rano Aroi, mientras su luz blanca y eterna, perfila el contorno de figuras extrañas que rodean el cráter y aparecen esparcidas por toda la isla.
Los singulares monolitos pétreos miran al cielo con sus grandes ojos vacíos   escudriñando el firmamento en busca de alguna antigua respuesta o señal definitiva que les devuelva su arcaico y perdido esplendor de épocas pasadas.

ISLA DE PASCUA, MOAIS
Los moáis de Rapanui, alzados sobre sus pedestales, ejercen de centinelas de la ínsula más alejada del mundo, y son los insignes portadores de la única verdad sobre el gran misterio que encierra la isla de Pascua.
Perdida en medio del océano Pacífico, a 4.100 km de Haití y 3.700 de la costa chilena, isla de Pascua es el lugar más recóndito del planeta. Por ello el nombre nativo que recibe la isla es “Te pito o Te henua” que significa “Ombligo del mundo”.


Foto www.senderosnativos.com
Isla de Pascua o Rapanui, así llamada por los pascuenses, pertenece a la región de Valparaíso (Chile) desde 1888. Desde el año 2007 formar parte de un territorio que goza de un estatuto especial, y en 1995 la UNESCO la incluyó en la lista de lugares patrimonio de la humanidad.
Fue el navegante holandés Jacob Roggeveen quien tras iniciar su viaje en Texel -la mayor isla de la Frisias- y después de recorrer el litoral chileno, descubriría la isla para los europeos el domingo 5 de abril de 1722, día de pascua.
Posteriormente llegaría a la isla en 1770 el navegante español Felipe González de Ahedo, cuya expedición realizó el primer mapa cartográfico de la isla, y más tarde llegaría James Cook en 1774 y Jean- Francois de la Pérousse en 1786.
Tras el arribo en el litoral pascuense de los europeos la isla pasó a formar parte de las rutas establecidas entre Oceanía y Sudamérica convirtiéndose en lugar de paso para los navíos oceánicos.

Foto www.miatletic.com
La tuberculosis y la viruela transmitida por los extranjeros diezmaron rápidamente la población nativa. Las enfermedades mataban sin contemplación y el negocio de la esclavitud contribuyó enormemente al declive de las etnias locales que, a su vez, mantenían conflictos por la hegemonía sacerdotal. En este periodo convulso fueron derribados los centros ceremoniales. La clase sacerdotal también fue derrocada perdiéndose con ello las claves para descifrar su antigua escritura “Rongo Rongo” que, hoy día, sigue sin ser comprensible.
Se estima que cerca de 10.000 personas habitaban Rapanui en su época de máximo apogeo. En 1877 sólo quedaban 110 nativos en la isla.


Las crónicas de los primeros viajeros que llegaron hasta el litoral pascuense, narraron cómo la isla estaba repleta de monolitos pétreos de gran tamaño que miraban al cielo. Lo más distintivo de estas figuras eran sus grandes orejas y el tocado que cubría sus enormes cabezas. Los nativos les llamaban Moáis y les rendían culto. Cincuenta años después de la llegada de los europeos apenas quedaba alguna escultura en pie. Las tribus rivales en conflicto derribaron los moásis de sus ahus (plataformas) sobre las que se alzaban las canteras donde fueron esculpidos tumbando con ello el culto a los dioses que tanto sacrificio les había exigido.
El poder social y la jerarquía de Rapanui se ponían en manos de los más valientes jóvenes de cada clan social. Diez eran los linajes que en una desenfrenada carrera, competían por apoderarse del primer huevo depositado por “Manu-tara”, una gaviota que anida en un pequeño islote frente a Orongo. La recompensa para el primero que consiguiese el trofeo era la denominación como Tangata-Manu, considerado desde entonces la reencarnación del dios Make-Make.


El gobierno de la isla recaía desde entonces en el clan vencedor y seguramente las rivalidades continuas entre linajes harían de cada sucesión en el poder un periodo de calvario para los súbditos del nuevo gobierno. Posiblemente estas continuas rivalidades fueron las causantes del declive social y el arremetimiento contra cualquier signo sagrado que pudiera recordar a un clan enemigo, cuyos caciques eran representados posteriormente en un nuevo moái.
De dónde cómo y cuando llegaron los primeros pobladores a la isla, poco se sabe y muchas son las teorías e hipótesis barajadas.


Siguiendo el rastro de las tradiciones orales pascuenses, los primeros habitantes que arribaron a la isla llegaron tras escapar del hundimiento de una enorme isla o continente llamado Hiva, actualmente sin identificar.
Los expertos establecen como fecha de la llegada de los primeros pobladores alrededor del sIV d.C. Los rasgos físicos esculpidos en la piel pétrea de los moáis no son representativos de la población polinesia, lo que ha contribuido a especular con su posible origen sudamericano, concretamente con la cultura Mochica del norte del Perú. La influencia Inca en Pascua es apoyada por muchos investigadores. En 1947 el noruego Thor Heyerdahl realizó una expedición que partió desde Perú y recorrió 4700 millas hasta alcanzar 101 días después la isla polinesia de Tuamotu utilizando barcos hechos de troncos de madera de balsa y guiándose por el impulso del viento y la inercia de la corriente y las mareas. La expedición llamada Kon tiki, nombre que hace referencia al dios solar inca Viracocha, llegó a la isla y demostró con éxito que los antiguos moradores del Tinhuantisuyo pudieron haber realizado este tipo de travesía llegando a las islas del pacífico polinesio en época antigua.

Expedición Kontiki
La teoría que esgrimen los más heterodoxos atribuye un origen polinesio a los primeros pobladores de Pascua. Los moáis representarían a los caciques locales. Pero en una cantera se encontraron cerca de 400 moáis aún en fase de tallado. Pensar que 400 caciques gobernasen en un periodo tan corto de tiempo o en un mismo momento es complicado de entender y aceptar.
Los moáis aparecen repartidos por todo el litoral pascuense. Alzados en sus plataformas sagradas (ahus) todos miran hacía el interior de la isla menos un grupo de siete esculturas que fueron erigidas mirando hacia el profundo océano.


Sobre este grupo de vigías del océano, las tradiciones dicen que representan a los siete exploradores que llegaron por vez primera a la isla.
Se piensa que fueron tallados y esculpidos por los nativos de la isla entre los siglos XII y XIII, y eran la representación de sus antepasados que, una vez alzados sobre sus sagradas plataformas, velarían por el pueblo con su poder divino.
Fueron elaborados cortando la piedra volcánica con herramientas de basalto y obsidiana. Los bloques de piedra eran seccionados en las canteras y después semienterrados para esculpir los detalles del rostro.


Cómo hacían para levantar y transportar bloques de roca de varias toneladas es uno de los grandes misterios de Pascua. A los moáis se les colocaba originariamente unos moños o sombreros de piedra roja (escoria volcánica) llamados “Pukao” que llegaban a pesar hasta 10 toneladas, y eran colocados sobre la cabeza de la estatua una vez estaba en pie. Después se cubría las cuencas de los ojos con placas de coral confiriéndoles un aspecto más expresivo y vivaz.


Sin evidencias de la utilización de maquinaria para poder alzar tanto peso a varios metros de altura, los expertos sólo pueden hacer conjeturas sobre tal proceso.
La deforestación en la isla de Pascua es quizás una evidencia del proceso utilizado para la construcción de los moáis. La madera de los árboles, hoy prácticamente inexistentes, pudo ser utilizada para realizar rampas por las que deslizar las enormes piedras desde las canteras donde eran esculpidas y, probablemente, confeccionar poleas, trineos o alguna maquinaria aún sin descubrir que les ayudase en tan fatigoso trabajo. 


Hemos de tener en cuenta que los nativos de Rapanui no contaban con la ayuda de animales de carga, y la ubicación de algunos moáis, distribuidos en lugares de muy difícil acceso, complica aún más cualquier explicación plausible.
El monolito de mayor envergadura es conocido con el nombre de Paro. Es un moái de toba volcánica de de 11 metros de altura y 85 toneladas de peso para cuya construcción se estima fueron utilizados una veintena de hombres durante todo un año. En la actualidad la escultura se encuentra derribada y seccionada en tres partes.


En una de las canteras se halló un moái en proceso de construcción de 21 metros que sigue dormido en su yacimiento terrenal. No hay dos estatuas iguales y repartidas por toda la isla se pueden observar cerca de 1000. Es de reseñar las facciones de los moáis con sus grandes orejas, boca descomunal, gran frente y una extensa planicie como nuca.
La práctica totalidad de las enormes caras de Pascua fueron esculpidas en las canteras situadas en las faldas de la ladera del volcán Rano Raraku, donde actualmente se pueden apreciar monolitos en su fase de confección.
Uno de los lugares más espectaculares de la isla es Ahu Tongariki, lugar ceremonial en el que 15 enormes moáis vigilan la isla desde su predominante posición.
Desde el año 1956 se lleva a cavo un continuo proceso de restauración de muchos moáis, pues como ya hemos visto, fueron derribados y abandonados cuando llegó el periodo decadente de las etnias nativas en Rapanui.


Hoy día Pascua es una isla turística a pesar de su distante ubicación. La construcción en los años 70 del aeropuerto Mataveri en la isla, ha permitido elevar los ingresos de los pascuenses ubicados en su capital Hanga Roa.
La isla de Pascua emerge del océano marcando con su litoral el ombligo del mundo. De su ancestral historia poco sabemos. ¿Quiénes fueron los primeros pobladores de Rapanui? ¿Qué les llevó a erigir los singulares moáis? ¿Cómo lograron transportar tan pesados monolitos hasta lugares casi inaccesibles de la isla?


Estas y muchas otras preguntas siguen hoy día sin respuestas. Lo único que nos legaron los antiguos pascuenses, es la mágica diapositiva de un mundo mítico y arcaico que, si bien no comprendemos en profundidad, nos fascina por su belleza y la fuerza que reflejan sus extrañas figuras alzadas sobre el litoral de Rapanui, como pétreos centinelas del océano, el cielo y los senderos que discurren entre los apretados riscos de la isla más alejada del mundo.

Aportes y Datos:
Texto de mi anterior Blog (Centinela del Sendero)




















                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    



13 comentarios:

  1. Magnifica entrada
    Probablemente la dispersión de la tuberculosis y la viruela hayan sido las primeras guerras microbiologicas, tal cual ocurrió en Argentina dutante la Campaña del Desierto
    Saludos

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  2. Otro de los eternos enigmas que nos rodean, y es que es difícil explicar cómo se pudieron levantar esas moles.
    Un enorme abrazo, Jorge.

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  3. Soy asidua de cifras y letras y los reportajes de TV2, una vez vi uno sobre la Isla de Pascua y hablaba de que sus habitantes, quizás polinesios, vivieron en paz durante muchos siglos, pero necesitaban abrir claros en el bosque para sus cosechas y sus casas, además necesitaban mucha leña para trasladar sus dioses y quemar sus muertos, así llegó la deforestación y luego los conflictos, y eso fue mucho antes de que llegaran los europeos. Debería ser una advertencia sobre lo que estamos haciendo en nuestro planeta, los recursos son limitados, la población crece y debemos prevenir antes que lamentar.
    Un abrazo amigo

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  4. Una isla enigmática y con mucha fuerza que sigue teniendo en sus entrañas el misterio de unos guardianes que tal vez un día expliquen sus larga historia.
    Besos

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  5. ejjeje cuando lei lo de Felipe Gonzalez jajaja digo ala ya estaba allí el colega en aquellos tiempos.
    Bueno nos traes hoy uno de los grandes enigmas de la humanidad, y como dices por su forma de mirar al cielo parece como si estuviesen esperando a alguien que llegase a visitarlos. No se la verdad es que es algo muy misterioso.
    Buena información amigo
    unos abrazotessssssssssssssssssssss

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  6. Siempre historias y lugares sorprendentes, todo un enigma, nada se sabe de los que habitaron y colocaron estos colosos. Impresionante. Un abrazo.

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  7. Buenisimoooo que gran trabajo.
    Besitos

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  8. Hola Jorge, digo como el maestro, que curioso que el nombre de Felipe Gonzalez ya apareciese por esos años (siempre en medio) jeje, que casualidad verdad?, lo que si me parece curioso es que todas las figuras estén mirando para dentro de la isla menos esas siete que lo hacen hacia el Océano, es como los faros que están siempre vigilando por si acaso, y luego lo de trasladarlas y subirlas con lo que eso debe pesar es otro misterio, a mi me recuerda esto a las pirámides, como trasladaron esas piedras tan grandes y que pesan tanto, es algo similar verdad?, pero aun siendo un gran enigma las figuras de la Isla de Pascua no dejan de ser una belleza envueltas en ese misterio.
    Gracias querido amigo por esta información que tan bien nos viene, buena entrada amigo:)

    Besos.

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  9. Una entrada GENIAL
    no conocía nada de esto
    Gracias por compartir tu magia

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  10. Que interesante, Jorge y que belleza de imágenes y buen texto...
    Un abrazo fuerte

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  11. Me suena haber visto algo sobre esta isla antes, no se, a lo mejor soy yo jajajajaja, me encanta la verdad me resulta impresionante y tiene que ser magnifico verlo en directo, hay grandes obras muy poco reconocidas por muchos y por las que no se pagan millonadas para tenerlas en las casas, pero que de igual modo, son hermosísimas, tu haces que lo recordemos. Un besazo.

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  12. Es uno de mis sueños ir a esa Isla, ¡me fascina¡....gracias por tu gran labor.

    Beso inmenso

    tRamos

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  13. Paso a decirte que me tomo un descanso hasta septiembre.
    Pasa un buen verano.

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