15 enero 2018

GÁRGOLAS Y QUIMERAS

J.J.D.R.
Altivas y grotescas, terroríficas a la par que desafiantes, las gárgolas observan el devenir del tiempo desde la cima de los templos más importantes de la fe cristiana. Desde los altos muros de catedrales, iglesias y renombrados centros populares, decenas de ojos vacíos y fauces abiertas dan la bienvenida a los cientos y miles de turistas, peregrinos, devotos y curiosos, que se acercan a los templos católicos de medio mundo.

Gárgola Lonja de La Seda de Valencia Foto Jorge Donato
Con gestos delirantes, retorcidos sus cuerpos, la piedra convertida en estigma se mofa de quien observa y, en algunos casos, incluso la obscenidad de los detalles con atributos sexuales deja patente que las gárgolas fueron un instrumento que dio rienda suelta a la imaginación de ciertos artistas que trasladaron leyendas y recuerdos populares a la gris y cenicienta piedra con el objetivo de mostrar la oscuridad latente y palpable que se cierne sobre los que escapan a la luz y por lo tanto a la fe.

Gárgola Catedral de Murcia Foto Jorge Donato
Serán muchos los que tal vez no se percaten ni siquiera de su existencia. Otros en cambio, guiarán sus ojos a las alturas y, posiblemente con cierta curiosidad se pregunten,… ¿Qué demonios –nunca mejor dicho- pinta un ser grotesco mitad humano mitad animal, en una catedral o en una iglesia?
Se puede decir con certeza que las gárgolas no son más que un instrumento arquitectónico cuyo principal valor constructivo es desaguar la lluvia de los tejados de los edificios. Quizás la pregunta acertada sería ¿Por qué utilizaron una iconografía tan radicalmente opuesta al espíritu eclesial principalmente en sus templos de mayor relevancia? Y es aquí donde, sobre todo en la edad media y principalmente gracias a la aparición del arte gótico, aparecieron las gárgolas como una amenaza, como una terrible advertencia para los infieles y descarriados y su escenografía en los templos fue un místico mecanismo para espantar y ahuyentar de los espacios sagrados los malos espíritus.

Gárgola Lonja de La Seda Valencia Foto Jorge Donato
En los aportes consultados, según Viollet-le-Duc, las primeras gárgolas aparecieron en la catedral de Laon (Francia) en el año 1220 y, tan sólo dos décadas después, ya cubrían la mayoría de los templos parisinos y franceses.

Gárgola Lonja de la Seda  de Valencia Foto Jorge Donato
Lo que no hay que obviar es que esta tradición es mucho más antigua. Ya egipcios, griegos y romanos utilizaron este recurso de desagüe sobre todo con apariencia animal o mitológica. Aunque como ya cité, la aparición de gárgolas en gran parte de templos, no fue más que la expresividad figurativa del arte gótico en pleno esplendor y el resultado en piedra de leyendas y creencias populares como ésta que hace referencia explícita sobre por qué fue tradición posterior el uso de estos elementos ornamentales en las fachadas, y dice así… “acostumbraba un horrendo dragón a sembrar de cadáveres de peregrinos y lugareños los caminos que discurrían por las campiñas y bosques anexos a la población francesa de Rouen.

Gárgola Lonja de Seda de Valencia Foto Jorge Donato
La misma leyenda, tan fantástica como antigua, cuenta cómo el arzobispo de la citada población se dispuso a terminar con tan grotesco ser y tras perseguirle durante un tiempo, logró quitarle la vida. La historia culmina con el intento desafortunado del arzobispo por quemar en la hoguera al maléfico dragón pero, si tenemos en cuenta que el ser mitológico poseía la facultad de lanzar llamaradas de fuego por su fiera garganta, no es de extrañar que ningún daño le provocasen las mismas llamas de la hoguera en las que acabó envuelto.

Gárgola Lonja de la Seda Valencia Foto Jorge Donato
Arrepentido del fallido intento y para terminar de una vez por todas con tan perturbador asunto, el clérigo ordenó decapitar al dragón y colgar su cabeza en una esquina de la catedral para que todo el mundo pudiera contemplarlo y temer con su sola visión arrimarse a la oscuridad que se suponía abrazaba para siempre a los descarriados y poco devotos de espíritu”

Gárgola Lonja de la Seda de Valencia Foto Jorge Donato
Es necesario señalar que no todas las llamativas figuras que aparecen en fachadas de los templos, por muy extrañas que sean, son gárgolas. Éste nombre sólo es atribuible a aquellas que desempeñan el papel fundamental de desagüe. El resto de figuras son denominadas quimeras, o bicha cuando se alude al arte arquitectónico plateresco.

Quimera, Lonja de la Seda Valencia Foto Jorge Donato
Estos, de igual manera, suelen representar animales fantásticos en todas sus formas y atributos y, en sus grotescas formas y posturas, reptan por muros y columnas sembrando el miedo con sus ojos inertes y vacíos.

Gárgola Lonja de la Seda Valencia Foto Jorge Donato
En la alborada, cuando el sol apenas comienza a despuntar sobre el horizonte, sus primeros rayos matutinos comienzan a iluminar la faz terrible de una gárgola pensativa.

Gárgola Notre Dame de París Foto es.aleteia.org
Quizás piense que el inframundo es más divertido que ésta quietud en piedra en la que vive adormecida. Pero sabe que su sola presencia, silenciosa bajo su manto de fría piedra, recrea perfectamente la oscuridad que subyace, incluso en los rincones donde se supone reina siempre la luz.

Aportes y Datos:
Ciencia histórica
http://www.cienciahistorica.com/2015/05/09/los-arquitectos-ponian-gargolas/
Blog de Dolores Herrero
http://doloresherrero.com/
Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%A1rgola_(mitolog%C3%ADa)