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05 julio 2020

CASTILLO BISHOP


J.J.D.R.

Alrededor del mundo se alzan curiosas edificaciones que muestran el poder que ejerce la imaginación sobre el espíritu del hombre. Me viene a la mente la casa Do Penedo en Portugal, la de Lino Bueno en Alcolea del Pinar en Guadalajara, un castillo de coral en Miami, una catedral que se sigue construyendo por Justo Gallego en Mejorada del Campo en Madrid, el jardín subterráneo creado por Forestiere en California, o el magnífico palacio edificado por el cartero Ferdinand Cheval en Hauterives, Francia; ejemplos todos ellos de dedicación y persistencia, construcciones llevadas a cavo por un solo individuo y todos ellos guiados por una similar pasión, la de dar vida a ideas y sueños que parecían imposibles.

Foto www.crp.org

Podríamos enmarcar el Castillo Bishop dentro de esta categoría de construcciones llamémoslas “curiosas” o “fuera de lo común”. Es posible que en este caso su creador Jim Bishop no se dejase llevar por una extrema necesidad proveniente de quién sabe qué designios ignotos y en realidad el resultado no naciera de un ideario eclesiástico ni onírico que estuviera implícito en su cabeza esperando ser ejecutado pero, observando esta edificación, desde luego cumple con los preceptos y características de aquellos capaces de dejar su huella y no pasar inadvertidos.

Foto www.elportalinmobiliario.com.mx

Con apenas quince años Jim Bishop compró un pequeño terreno al noroeste del pueblo de Rye al sur de Colorado, EE.UU., por menos de dos mil dólares. Ubicado en medio del Parque Nacional de Santa Isabel, aquel reducto de tierra le pareció un lugar idílico para en un futuro próximo construirse una cabaña en medio del bosque. Una gran idea que logró hacer realidad invirtiendo los ahorros que había conseguido trabajando con su padre forjando hierro en el negocio familiar, repartiendo periódicos o cortando césped para algunos vecinos de Rye.

Foto www.deviantar.com

En la década de los sesenta inició la construcción de la cabaña familiar en aquel lugar al que siempre gustaba de ir acompañado de amigos y familiares y en donde en aquel momento junto a su esposa Phoebe se convertía en el rincón más maravilloso del mundo para poder aislarse de todo. Poco a poco comenzó a levantar su cabaña con piedras y rocas de los alrededores. Desde un comienzo tuvo problemas con las autoridades locales, ya que no había ningún concepto implícito en su contrato de compra que indicase la posibilidad de edificar en su terreno, pero solventado aquel episodio, la edificación de su cabaña cada vez se convertía más en un proyecto de grandes dimensiones que en una simple obra de albañilería doméstica. En unos años, fue apilando rocas y piedras, y mezclando vidrieras a más habitaciones y elevando la estructura hasta alcanzar los cuarenta y nueve metros de altura en su torre más elevada.

Foto www.dreamstime.com

Durante mucho tiempo aquellos que pasaban por su terreno se quedaban boquiabiertos contemplando su edificio, y casi todos se marchaban comentando a Jim que aquello cada día se parecía más a un castillo que una simple cabaña de campo. Y la idea de levantar un castillo en el bosque parece que caló hondo en la mente de Jim Bishop quien acogió la idea como un nuevo proyecto y durante los siguientes sesenta años se dedicó a dar forma a su particular castillo, decorándolo con almenas y escalinatas, balcones y terrazas, tres habitaciones y un salón de baile techado y parapetado con vidrieras de colores que dejan que la luz del día decore con un prisma multicolor las estancias del castillo.

Visitantes en el Castillo Foto www.danellehallbooks.com

Desde sus inicios en la construcción, numerosos curiosos y visitantes se paraban para ver su trabajo. Amigos y algunos familiares le decían a Jim que debería de cobrar una entrada y buscar un beneficio a su trabajo. Nunca quiso. De hecho, a fecha de hoy, la entrada al castillo es totalmente gratuita y se puede visitar durante todo el año. Optó por dejar que cada cual, si realmente deseaba aportar algo lo hiciera por voluntad y a través de donaciones. Tiempo después, cuando el castillo estuvo terminado y las visitas de turistas se multiplicaron, obtuvieron algún dinero extra con la venta de recuerdos en la cabaña de madera.

Foto www.dorisdembosku.blog

Posiblemente el punto álgido de esta construcción fue cuando a través de un amigo recibió un cargamento de pequeñas placas de calentamiento de acero inoxidable que transportaba hasta el vertedero como desecho. En pleno trayecto se acordó de su amigo Jim y convencido de que le podría sacar provecho se las acercó a su casa. ¡Y tanto que le sacó provecho! Sobre un esqueleto de acero construyó una chimenea exterior a la cual añadió las pequeñas placas como si fueran escamas y, con mucha paciencia, su dragón estuvo terminado. Pero un dragón que no escupe fuego no es un dragón. Y fue cuando recibió el regalo de un quemador de globos y lo instaló en la estructura cuando aquella cabeza de dragón alzada entre almenas y escaleras de hierro comenzó a escupir fuego, y desde entonces hace las delicias de los visitantes que acuden cada fin de semana a contemplar el espectáculo del castillo Bishop.

Foto www.mymetmedia.com

Hoy día el castillo es un lugar de parada obligatoria si transitas por la carretera estatal 165. La difusión de imágenes en redes sociales y desde hace años de boca en boca, han hecho del castillo un lugar turístico y el más afamado del pequeño pueblo de Rye en Colorado. Incluso se ha creado una Fundación benéfica a favor de la atención sanitaria a los niños de las familias locales, fundación en donde recaen todos aquellos ingresos generados por las donaciones de turistas y eventos tales como bodas que se organizan dentro del castillo.
En día 28 de marzo del año 2018 un incendio, posiblemente provocado por un fallo eléctrico, destruyó la tienda de regalos anexa al castillo, afortunadamente sin ocasionar daños personales y sin que el castillo sufriera daño alguno.

Foto www.colorado.com

Cuando el tesón y la valentía, -algunos lo consideran locura-, vence la razón del ser humano, éste es cegado por una luz invisible que lo arrastra a ejecutar estampas visionadas en sueños lúcidos y poner la maquinaria de improvisación de sus conocimientos al servicio del ingenio de manera autodidacta; elevando, levantando, ensamblando y aglomerando estructuras y edificios que decoran el mundo como piezas de un Tente o Lego moderno, y no hacen otra cosa que demostrar que todo lo que el ser humano se propone con paciencia, estímulo y esfuerzo constante, se puede conseguir a pesar de todos los impedimentos que se opongan en su camino.

Aportes y Datos:
Web Bishop Castle org
http://www.bishopcastle.org/
La Brújula Verde
https://www.labrujulaverde.com/2016/03/bishop-castle-la-iniciativa-personal-plasmada-en-una-rareza-arquitectonica
Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_Bishop
KKTV 11 NEWS
http://www.bishopcastle.org/


28 junio 2020

LAS MOMIAS VIVIENTES DE YAMAGATA (SOKUSHINBUTSU)

J.J.D.R.


Sentado frente al mundo, encajonado y bajo tierra, su mente se detuvo justo en la frontera que divide la realidad consciente de la luz que ilumina el subconsciente más abstracto y desconocido. Frente a sí mismo, no sabemos si llegó a reconocerse, pues la luz del infinito percibía con claridad sus pensamientos, pero su cuerpo físico, ése cascaron debilitado y carcomido que tenia delante, ahora solo era una fina capa de piel arrugada y cosida a sus huesos que nada tenía que ver con un cuerpo humano. Se había hecho enterrar con una fina caña de bambú que sostenía en su boca y cuando la luz del universo se abrió ante él con la lucidez de un dios viviente, exhaló por última vez el poco aire que le quedaba en los pulmones y se dejó llevar por la primera brisa de la mañana. Su cuerpo quedó allí, en aquel cajón de madera en la misma posición del loto en la que llevaba años, tan seco y arrugado, que los huesos afloraban entre los pliegues de su manto ritual como exequias de su plegaria infinita.


Foto www.estalte.com
Foto www.slate.com

Sobre la prefectura de Yamagata se dice que es la gran desconocida de Japón, su región más misteriosa y oculta, una de las más hermosas, mítica y espiritual; ya que en su seno geográfico se hallan la cumbres de tres de sus montañas sagradas, Haguro, Sassan y Yudono, en Dewa Sanzan, ruta de santidad y peregrinación desde tiempos remotos donde arcaicos senderos se pierden entre la espesa bruma y el silencio. Sobre las cumbres y valles de esta región de enorme belleza prosperó alrededor del siglo XII un ritual tan extraño como macabro dentro de la escuela budista Shingom, procedimiento por el cual los pocos monjes que decidían voluntariamente alcanzar la divina luz espiritual, se sometían a un proceso de momificación en vida denominado Sokushinbutsu, cuya traducción explica de forma tácita cual era su objetivo final “alcanzar la Budeidad en vida” o lo que es lo mismo, convertirse en un “Buda viviente”.


Foto www.travel.gaijinpot.com

Para lograr su objetivo los monjes se preparaban durante un largo periodo de ayuno y abstinencia hasta alcanzar la delgada línea que separa la vida de la muerte. No se hacían notar. No hablaban sobre ello. Y solían elegir los más recónditos y aislados rincones de valles o colinas para plegarse ante la oración profunda y mimetizarse con la propia naturaleza que les rodeaba, dedicándose al ascetismo más absoluto y a trabajar para el bien de la comunidad como objetivo prioritario, aunque durante su camino de dolor y transición hasta alcanzar el Tushita “Tierra Pura”, el sufrimiento fuese como el aire que entra en los pulmones y se adhiere a cada poro de la fina piel de estos monjes en busca de la redención de la especie humana a cambio del sufrimiento propio más absoluto. Para lograr el culmen final, la luz divina o Nirvana, el cuerpo físico no podía desaparecer, por lo tanto debía transformarse, cambiar, pasar de fase a través de la fe absoluta en la transcendencia divina y el fluir de las almas hasta alcanzar la momificación del cuerpo.


Templo de Yamadera Foto www.tohokuandtokyo.org

Lograr tan enorme sacrificio no era objetivo fácil. Y no todos los que se obstinaron en alcanzar el Sokushinbutsu lo lograron. Los monjes comenzaban con una estricta dieta consistente en semillas y frutos secos, nada de cereales ni granos, que duraba justo mil días. A esta dieta se la conocía como “mokujikigyo” cuya traducción es algo así como la disciplina de comer árboles, ya que ingerían también cortezas de árboles y las espinas de algunos pinos silvestres. Durante este primer periodo multiplicaban sus tareas de ayuda y trabajo en las comunidades realizando como norma general los trabajos más duros, así como el cuidado de enfermos o ancianos. Una vez finalizado el primer periodo, comenzaba otra etapa más dura consistente en pasar otros mil días de ayuno tan solo alimentándose de semillas. El cuerpo comenzaba a desecarse poco a poco. La estricta dieta hacía que la piel se pegase al hueso y la grasa y el agua desapareciera del cuerpo, evitando con ello la reproducción de bacterias que a la postre pudieran causar la putrefacción del cuerpo y con ello poner fin a su objetivo de alcanzar la momificación. Aquellos hombres debían de sufrir toda clase de dolores y continuos espasmos. A su extrema dieta solo sumaban la ingesta de un brebaje preparado con la corteza de un árbol “Urushi” capacitado con toxicidades químicas que provocaban vómitos constantes y que les ayudaba a expulsar líquidos y fluidos del cuerpo favoreciendo la desecación del mismo, y agua salinizada procedente del manantial sagrado del monte Yudono, cuyos niveles de arsénico son casi mortales y que bebían durante cien días. El sufrimiento debía de ser continuo, el dolor insoportable.

Foto www.actualidad.ort.com


A tres metros bajo tierra habían colocado una cámara de piedra rodeada y rellena de carbón. En aquella cámara era introducida la caja de pino donde el monje vestido con sus mejores galas tradicionales y en la posición de loto se encaminaba a su destino tan sólo acompañado de una pequeña caña de bambú para seguir respirando dentro de la caja y una sencilla y pequeña campanilla.


Foto www.random-times.com

Desde ése momento cada día se le preguntaba al monje si seguía con vida. El sonido de la campanilla servía de contestación y así hasta que un día quién preguntaba no obtenía respuesta. En ese momento se abría la cámara y tras quitar al moje su caña de bambú se cerraba de nuevo durante otros mil días. Al concluir este periodo decisivo se abría el féretro para comprobar si el monje había conseguido alcanzar el Nirvana. Si no era así y el cuerpo aparecía en descomposición se sacaba el cuerpo y se volvía a enterrar con todos los honores. Para aquellos que habían logrado momificar su cuerpo en vida, se les  trataba desde entonces como Budas vivientes y eran llevados a un lugar honorífico del templo para poder ser venerados como auténticos dioses benefactores. En la prefectura de Yamagata el éxito de los rituales Sokushinbutsu fue muy elevado y por ello en sus maravillosos templos se pueden visitar y contemplar un buen número de estos monjes momificados.


Foto www.digitalmx.net

Una tradición muy antigua y reverenciada cuenta como el moje Kukai, erudito, poeta, estudioso artista japonés y fundador de la escuela budista Shingon, a pesar de que según las fuentes habría muerto en el año 835; según una biografía hallada en el s. XI no fue así, sino que entró en un estado completo de meditación al que se conoce como nyujo y del que saldrá pasado cinco mil millones de años para guiar a un grupo determinado de elegidos hasta alcanzar el Nirvana. Mientras llega tan preciso momento, mencionado en esta biografía, el cuerpo del afamado y venerado monje se encuentra en un mausoleo conocido como Kobo Daishi Gobyo en el cementerio de Okunoim, justo en la cima y en lo profundo del monte Koya Okoyasan.


Foto www.penn.museum

Esta antigua tradición fue descubierta para occidente por un grupo de investigadores en 1960. En el transcurso de un viaje por la región de Yamagata se pidieron los permisos necesarios para realizar algunos estudios sobre varias momias que llamaron la atención de los científicos. Los datos reportados por dichos estudios reflejaron la increíble conservación de los órganos internos de los cuerpos y cómo la momificación de los mismos había comenzado antes de la propia muerte. En 1996 un coleccionista privado adquirió una estatua de un buda sedente cuya antigüedad dataron en más de 1000 años.


Foto www.ihistoriaarte.com

En unos trabajos realizados de restauración se descubrió que en el interior de dicha estatua se hallaba el cuerpo de un monje en posición de loto. Dicha estatua, que hoy de encuentra en el Museo de Historia Natural de Budapest, fue estudiada a fondo por un equipo de radiólogos en 2013, realizándose sobre ella distintos análisis de tomografía computerizada que revelaron tanto la piel como los músculos del difunto estaban en perfecto estado de conservación, no así los órganos internos que habían sido extraídos y remplazados por papel. Se calcula que el fallecimiento ocurrió alrededor del año 1100 d.C y que la identidad del monje podría ser la del maestro budista Liuquan.


Foto www.recreoviral.com

Con la llegada en 1868 de la restauración del emperador Meiji se prohibió tajantemente estos rituales ordenando que se parasen incluso aquellos que ya estaban en proceso. Pero lejos de ser determinante, son varios los monjes que incluso décadas después de este decreto imperial, murieron momificados tal y como les indicaba su arraigada creencia y su poderosa fe.


Foto www.facebook.com

Es difícil hacerse una idea de hasta qué punto la fe puede ser combustible inagotable para el ser humano y necesario en ocasiones para llevar a cabo hazañas del orden de lo increíble e inalcanzable. El poder de la mente, la sugestión infinita, el adentrarse en ése universo abstracto y paralelo que no entendemos pero cuya existencia es tan palpable como visible a ojos de aquellos que logran traspasar el umbral de lo racional, es también reflejo de las poderosas facultades que tiene el ser humano para alcanzar determinados objetivos. En estas líneas y de manera resumida, vemos como esa fe exacerbada llevada al extremo más infinito de su condición, fue el combustible utilizado por un reducido número de monjes asiáticos en su particular búsqueda del Nirvana, aunque para llegar a alcanzarlo tuvieran que convertirse en auténticas momias… aún con el corazón palpitando por la vida.

Aportes y datos:

National Geographic (Artículo de Carme Mayans)

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/monjes-que-se-automomificaron-vida_13641

Japón Secreto

https://japon-secreto.com/momias-de-japon-vivas-sokushinbutsu-monjes-budismo/

Wikipedia

https://es.wikipedia.org/wiki/Sokushinbutsu



 


 

 

 

 


21 abril 2017

PERCIVAL HARRISON FAWCETT (LA CIUDAD PERDIDA DE Z)

J.J.D.R.
Hablar de aventura y exploración suele ser atrayente. ¿Quién no ha deseado, aunque sea por un momento, verse convertido en un intrépido aventurero? descubrir un gran tesoro o una civilización perdida legendaria, aunque ésta se encuentre oculta por una selva tan profunda que adentrarse en ella pueda significar enfrentarse a innumerables peligros. Si en una conversación, salen a la luz palabras como exploración y aventura, es posible que nos venga a la cabeza la icónica imagen de un señor con sombrero de ala ancha y chaqueta de cuero marrón que porta en su mano izquierda un látigo y en la diestra empuña una pistola. Supongo que Harrison Ford será recordado siempre como ése gran aventurero buscador de reliquias que todos quisimos ser de pequeño. Pues bien, hubo un Indiana Jones real, de carne y hueso. Un genial aventurero y explorador inglés que se pasó media vida buscando una legendaria ciudad perdida en las entrañas del Amazonas. Su nombre, Percival Harrison Fawcett y, aunque muchos aspectos de su biografía puedan parecer sacados de una película de ficción, su vida real fue una constante aventura, un colmado de épica y ambición por explorar lo desconocido, no exento de miedos, tragedia y desconcierto; ingredientes que sirvieron tras su desaparición como caldo de cultivo para acrecentar la leyenda que pesa sobre su figura incluso hoy día después de tanto tiempo transcurrido.

CORONEL PERCIVAL HARRISON FAWCETT
Percival Harrison Fawcett nació en Torquay (Inglaterra), concretamente en el condado de Devon en la costa de Torbay, el 18 de agosto de 1867. Desde su más tierna infancia el joven Fawcett creció rodeado de señales que recibía de su entorno más cercano que fueron dibujando su temprana pasión por los viajes y la aventura. Su padre, Edward B. Fawcett, había nació en la India y allí ejerció su carrera militar siendo un destacado miembro de la Royal Geographical Society. La posición acomodada de sus progenitores  y el círculo social y cultural que amenizaba las jornadas con largas charlas en el salón en su casa, sumado a la gran cantidad de libros que sus padres almacenaban, permitió al pequeño Percival escuchar atentamente conversaciones en las que vi ajeros y exploradores ingleses narraban sus experiencias en lejanos países de exóticas costumbres, creciendo en su mente la idea de emular a esos exploradores que aparecían en los libros que devoraba con pasión.

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Fue un buen estudiante y se graduó en Newton Abbot Proprietary College. Su educación fue muy estricta, donde el cariño de sus padres brilló por su ausencia, moldeándose con los años una personalidad introvertida que le confirió una estampa de seriedad que siempre mantuvo intacta a ojos de los que menos le conocían. Con 19 años, tal y como su padre deseaba, se graduó como cadete en Woolwich, siendo destinado en 1880 con 19 años a la guarnición de Trincomalee al noroeste de Sri Lanka como miembro de la Artillería Real Británica, por aquella época el puerto más importante del país asiático. Sin duda éste fue el comienzo de su nueva vida. La oportunidad de viajar, de conocer nuevas culturas y exóticos lugares, le abrieron de par en par las puertas hacia un sendero que no dudó en recorrer desde aquel momento. Incluso sentimentalmente, ya que en su nuevo destino conoció a Nina Agnes Paterson, con quién contraería matrimonio en 1901 y con la que tuvo tres hijos, Jack, Brian y Ruth, a quienes trató a pesar de sus largas ausencias, de dar todo el cariño y el afecto que él nunca obtuvo de sus padres.

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Su carrera militar estuvo ligada a la cartografía de terreno. Su capacidad para aprender lenguas diversas así como su pasión por viajar y conocer otras culturas, sirvió para que le destinaran a la que sería su primera expedición a tierras sudamericanas en 1906. Tenía por entonces 36 años y sus trabajos cartográficos en las fronteras de Brasil, Perú y Bolivia, serian a la postre todo un referente para el estudio geográfico de estas regiones apenas exploradas. Aquella experiencia marcó su vida. Quedó impresionado por las grandes selvas, las altas cordilleras, sus enormes pantanales, los grandes y navegables ríos que se adentraban en la jungla…pero sobre todo, cayó rendido ante la misteriosa atracción que sentía por las numerosas culturas que vivían en esas remotas tierras y, más aún, sobre aquellas otras que aún resistían perdidas en el útero de la selva más profunda de la Tierra.

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Hasta siete expediciones realizó Fawcett en los años siguientes 1906/1924. Se convirtió en un auténtico experto en lidiar con las etnias indígenas de la selva Madre de Dios, con los cuales terminó entablando cierta amistad y a los que trató siempre con cordialidad, repartiendo presentes a cambio de información sobre lugares que deseaba explorar y conocimientos sobre su lengua y costumbres.

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Siempre tuvo claro que su formación militar y su oficio como topógrafo, fueron la herramienta perfecta para poder dedicarse a su gran afición, la búsqueda de lugares impactantes en la naturaleza. Como fruto de sus expediciones, se enamoró de un pequeño paraíso en la Meseta de Caparú, hoy día dentro del Parque Nacional Noel Kempff entre Brasil y Bolivia, y cuyas cataratas llevan su nombre para la perpetuidad. Uno de sus grandes amigos fue Arthur Conan Doyle, y Fawcett hubo de ser tan incisivo y explicito a la hora de narrar a su amigo escritor el lugar de sus sueños, que el mítico Conan Doyle lo utilizó como escenario de su gran obra “El mundo perdido”. El inicio de la gran guerra puso freno a sus exploraciones. Fue destinado al frente en Flandes al mando de una brigada de artillería.

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Finalizada la guerra regresó a Brasil, ya como coronel, enfrascándose de lleno en el estudio de la Amazonía, su biodiversidad, historia, arqueología y todo legajo o papel que hiciera alguna mención sobre las costumbres y leyendas de los pueblos amazónicos. Durante este nuevo período de su vida, mientras estudiaba a fondo textos y libros, no dejó nunca de perderse en las entrañas de la selva durante largos lapsos de tiempo, experimentando en primera persona la sensación de cuán pequeño e insignificante es el ser humano ante la inmensidad de la naturaleza salvaje.

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Un buen día se topó de bruces con una historia impactante. Le narraron la fascinante experiencia vivida por Francisco Raposo, militar portugués que en 1743 describió el hallazgo en lo más profundo de la selva del Mato Grosso de una ciudad perdida y hasta la fecha totalmente desconocida. Fawcett no tardó en dar con el manuscrito que narraba con detalle la aventura de Raposo y lo que descubrió marcó el resto de su vida. En la Biblioteca de Río de Janeiro, en la división (Manuscritos) y serie (Obras raras), había un texto en portugués de diez páginas bajo el título “Relación histórica de una oculta y gran población, antiquísima, sin moradores, que se descubrió en el año 1743”copia integral manuscrita por el Canónigo Januário da Cunha Barbosa.

MANUSCRITO 512 
El manuscrito era una crónica detallada del descubrimiento de una gran ciudad perdida en medio de la selva. La ciudad descrita por Raposo, quien la encontró por fortuna cuando buscaba unas minas de plata, se entraba bajo tres arcos de gran altura. Dicha ciudad estaba repleta de grandes avenidas y casas de cuidadosa construcción. En medio de la ciudad encontraron una gran plaza y, en medio de esta, una columna de piedra negra de gran tamaño junto a una escultura de un hombre cuya mano izquierda se posaba sobre su costado izquierdo y su brazo derecho extendido apuntaba hacia el norte.

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En cada esquina de la plaza había una gran lanza similar a la usada por los romanos y destacaba sobre el resto una enorme edificación resplandeciente que parecía ser la morada de algún gran señor. Por todos lados se podían observar columnas con grabados extraños que no pudieron descifrar, y durante días enteros anduvieron perdidos entre los muros y calles de esta ciudad desconocida y olvidada. Ni que decir tiene que Fawcett quedó prendido ante esta historia, volcándose en la búsqueda de toda la información que pudiera recabar sobre la aventura vivida por Raposo en la desconocida ciudad perdida a la que Fawcett bautizó como “Ciudad Z”, en cuya existencia nunca dejaría de creer hasta el final de sus días.


En el año 1925 tras conseguir dinero de parte de un grupo financiero londinense conocido como The Glove (el guante) emprende la búsqueda de la Ciudad perdida de Z en compañía de su hijo mayor Jack y Raleigh Rimell, el mejor amigo de Jack. Ha sido mucho lo que se ha especulado sobre este asunto. Me refiero a la decisión de embarcar en tan arriesgada expedición a su hijo mayor, pero sobre todo al amigo de este, ya que el joven Raleigh demostraría en poco tiempo no estar a la altura de las expectativas del coronel Fawcett, avezado y experimentado explorador. Es posible que la noticia de que otros grupos expedicionarios saldrían inmediatamente en busca de la ciudad perdida hiciera que tomara la decisión de adelantar sus planes y contar finalmente con su hijo y su amigo.

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Sabedor de la dificultad que entrañaba tan arriesgada expedición, pidió expresamente que si no tenían noticias de ellos en un tiempo estimado, no mandasen a nadie tras su búsqueda, ya que si él no lograba regresar, nadie lo conseguiría y todos morirían en el intento.


La expedición partió el 20 de abril de 1925 desde la localidad de Cuiabá, acompañados por dos arrieros brasileños, dos caballos, ocho mulas y dos perros. Entre sus provisiones, cuidadosamente administradas y escogidas por Fawcett, había todo tipo de conservas, leche en polvo, un sextante, bengalas, un cronómetro y varios tipos de armas. Durante todo el trayecto el coronel fue relatando en su diario los pormenores de cada jornada. El último mensaje sobre su situación, está fechado el 29 de mayo de 1925. En una carta dirigida a su esposa y que llegó a través de un mensajero indígena, cuenta que están los tres solos y que se adentran en territorio inexplorado desde que cruzaron el Alto Xingú, uno de los afluentes sudoriental del río Amazonas. Nada en esta misiva denotaba que las cosas fueran mal. Por el contrario, entre líneas se mostraba entusiasmado y optimista. Nunca más se supo de ellos.


Desde entonces hasta nuestros días, la expedición emprendida por Fawcett y lo que les ocurrió, es todo un misterio. Su recomendación de no enviar a nadie en su búsqueda cayó en saco roto, habiéndose contabilizado la cifra de cerca de cien personas desaparecidas de entre todas las expediciones que han seguido los pasos de Fawcett. Más que simples palabras, fueron severas premoniciones.
El primer intento de dar con Fawcett es de 1927 a cargo del estadounidense George Miller Dyott, quien dijo tener pruebas de que Fawcett murió a manos de los indios Aloique pero sin aportar evidencias de ello. Otra expedición en 1951 llevada a cabo por los hermanos Vilas- Boas (conservacionistas/indigenistas amazónicos) logran entablar diálogo con los Kalapalo, quienes a través de su jefe Sarari, confirman que fueron ellos quienes mataron al coronel Fawcett, pero hacen prometer a Villas Boas que no contarán nada para evitar represalias de los hombres blancos.

VILAS BOAS JUNTO A MIEMBROS KALAPALO Foto www.fawcettadventure.com
Según la versión de Sarari, fue un gran agravio para su pueblo que Fawcett, tras disparar un pato, no quisiera compartir con ellos la pieza, algo intrínseco en su arraigo cultural y comunal. Para más señas, le mostraron unos huesos que dijeron pertenecer al coronel y se los llevaron. En un principio parecía que el caso de la desaparición de Faceta había sido desentrañado. Pero en 1965 y a petición del hijo menor de Fawcett y de su viuda, convencidos de que los restos hallados no eran del coronel realizaron nuevos exámenes incluyendo piezas dentales que la viuda conservaba de su esposo, pudiéndose determinar con precisión que la dentadura no encajaba en los restos encontrados y por lo tanto no pertenecía a Fawcett.

ORLANDO VILAS BOAS JUNTO A LOS SUPUESTOS RESTOS DE FAWCETT
Foto www.historiasdelahistoria.com

En fechas más recientes, concretamente en el año 1996, una numerosa expedición quedó a merced de la tribu Kalapalo cuando buscaba alguna señal del paso de Fawcett por sus territorios. Solo cuando accedieron a marcharse dejándo todo el material que llevaban consiguieron salir con vida de una situación tremendamente complicada. Dos años más tarde, una nueva expedición llevada a cabo por Benedict Allen se adentró en territorio Kalapalo, con la intención de grabar una entrevista con uno de los miembros más ancianos de la tribu. La entrevista, que fue grabada para la BBC, consiguió el testimonio de un anciano llamado Vajuvi que afirmó que los huesos encontrados por Vilas-Boas no pertenecían a Fawcett.

Foto www.express.co.uk
La última de las expediciones llevadas a cabo a las regiones donde se piensa que Fawcett pudo desaparecer estuvo a cargo del periodista The New Yorke David Grann quien, dejándose arrastrar por los textos de Fawcett, encaminó sus pasos hacía territorio Kalapalo tras nuevas posibles pistas. En el año 2005, tras muchas dificultades y numerosos pormenores, consiguió que varios miembros de esta tribu le contasen lo que las tradiciones de su pueblo sabían sobre Fawcett. Según esta última versión, el coronel fue el primer blanco en contactar con ellos, dejándoles una honda huella. Tras compartir varios días, emprendió de nuevo su viaje a tierras del este, pudiendo ser contempladas las hogueras que encendían durante algunas jornadas. Los Kalapalo se desentienden de lo acontecido después con la expedición de Fawcett, convencidos de que murieron en manos de tribus muy violentas cuyos territorios se encuentran justo en la dirección que Fawcett tomó tras su marcha.


Que si Fawcett terminó encontrando la ciudad de Z y allí murió. Que si el intrépido coronel, arto de vagar por la selva, se topó con una tribu no beligerante de la que terminó siendo rey. Que si murió, que si no...La verdad es que nada sabemos sobre qué final tenía reservado el destino para Fawcett, su hijo y Raleigh Rimell. La leyenda de Fawcett se pierde en la bruma misteriosa de la selva. Una selva capaz de ocultar la insignificante traza de una huella humana, como de hacer desaparecer por completo una gran ciudad bajo su manto perpetuo de salvaje floresta.


El afán del ser humano por desbrozar lo ignoto y explorar los confines del mundo, incluso llegando al límite de su propia conciencia y capacidad, es algo innato en nuestra especie desde el principio de nuestros orígenes. Son muchos, hombres y mujeres, los que a pesar de las adversidades y en muchos casos a riesgo de perder todo lo que poseían, sintieron la necesidad de buscar, de hallar, de atravesar a ciegas regiones inhóspitas y salvajes con el propósito de dar alcance a un reclamo consciente de su propia mente que, como una herida que no cicatrizará tras incrustarse en sus vidas hasta no poner remedio , les obligó a magnificar sus cualidades a fin de alcanzar el enigma que se escondía tras unos sueños que la mayoría tildaban de falsos mitos, leyendas, o simples locuras. Algunos lo consiguieron y nos legaron su experiencia y conocimientos para el futuro. Otros, como en el caso de Fawcett nos dejaron su luz, esa luz que desprenden los seres humanos incapaces de resistirse a la tentación de andar el camino que separa los sueños de la realidad, iluminando senderos que quizás, algún día, nos muestren las huellas de un pasado humano tan remoto que ni siquiera somos capaces de imaginar.

Aportes y Datos:
Bibliografía
La Ciudad perdida de Z (David Grann)
La maldición de los exploradores (Lorenzo Fernández Bueno)
Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/Percy_Fawcett
Monografías
http://www.monografias.com/trabajos96/percy-harrison-fawcett-y-su-delirante-universo-esoterico/percy-harrison-fawcett-y-su-delirante-universo-esoterico.shtml













28 junio 2015

ANGELO D`ARRIGO (EL CÓNDOR HUMANO)

J.J.D.R.
Angelo D’Arrigo nació en Catania (Sicilia, Italia) un día 3 de abril de 1961. Se licenció en Educación Física y trabajó como guía de montaña y monitor de esquí alpino. Pronto comenzó a emplear todas sus facultades físicas y técnicas para alcanzar logros individuales en deportes extremos como vuelos en parapente o vuelos sin motor y ultraligeros. Sin duda alguna, volar se convirtió en su gran pasión, y durante muchos años las nubes del cielo y las corrientes ascendentes fue la morada donde diseño sueños tan extremos como bellos.

ANGELO D`ARRIGO CON EL ÁGUILA NIKE Foto www.angelodearrigo.com
“Los límites no existen”, fue su lema en vida, frase que llevó grabada en su casco y que le servía incluso como dirección de correo electrónico. Su pasión por volar conjugaba a la perfección con su otra gran pasión, la ornitología. Posiblemente su vida comenzó a cambiar en el año 2001 cuando entró a formar parte de un proyecto creado a su medida, en el cual, su experiencia en vuelos sin motor y su conocimiento ornitológico, le llevaría a recorrer medio mundo tras las aves migratorias del planeta en un proyecto que fue denominado “Metamorfosis”.

VOLANDO CON LAS GRULLAS Foto www.themoscowtimes.com
Su primera expedición le llevó a cruzar el desierto del Sahara y el mar Mediterráneo hasta el norte de Europa siguiendo de cerca con su parapente el vuelo migratorio de una majestuosa águila a la que llamó Nike. Esta hermosa aventura, le permitió realizar el recorrido que estas aves emprenden cada año en primavera partiendo desde el corazón del desierto africano, convirtiéndole en el primer ser humano que conseguía completar distancia tan larga en un vuelo sin motor. Un año después, en 2002, se puso al frente de un nuevo proyecto ornitológico llevado a cabo por el Instituto de Investigaciones Ruso. 


En este caso, se preparó una bandada de grullas siberianas nacidas en cautividad y en grave peligro de extinción con las que Angelo convivió en todo el proceso de incubación. Desde que rompieron el cascarón, todas las aves de aquella bandada vieron a Angelo como su madre biológica, tal y como el padre de la etología Konrad Lorenz (Premio Nobel y conocido popularmente como papá oca), demostró que sucedía con estas aves en sus trabajos de investigación científico. 

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Cuando las grullas estuvieron preparadas para afrontar el viaje migratorio, Angelo les mostró el camino a través de 5300 kilómetros desde el círculo polar ártico, atravesando Siberia hasta la meseta Iraní tras cruzar el mar Caspio en una travesía que duró seis largos meses. Durante el viaje, en el que Angelo guiaba a las aves desde su parapente, enseñó a las aves los lugares de descanso previamente estudiados, así como la ventaja de utilizar y rentabilizar esfuerzos utilizando las corrientes térmicas ascendentes. El proyecto ornitológico ruso fue todo un éxito alabado por la comunidad científica.


El parapente utilizado por Angelo fue diseñado en los laboratorios de Elasis, construido en la fábrica de Icaro 2000 y probado en el túnel de viento de Fiat. El diseño del parapente simulaba a la perfección la silueta de un cóndor, con unas alas negras de gran envergadura y aerodinámicamente perfectas. Los vuelos se realizaban a gran altitud soportando temperaturas extremas. Para tener en todo momento un control específico sobre el cuerpo de Angelo, se diseñó un instrumento que medía sus constantes vitales en todo momento, y registraba datos específicos del vuelo, tales como altitud, velocidad y coordenadas. Además, Angelo utilizaba una máscara que le proporcionaba oxígeno que le ayudaba a elevarse a más de 14.000 metros de altitud.

Foto www.vimeo.com
“Gracias a la tecnología, el hombre, hoy día puede cumplir el sueño de volar, como lo imaginó Leonardo Da Vinci. Volar es la máxima expresión de libertad” Angelo D’Arrigo.

Foto www.iloveagriento.it
En el año 2004, concretamente el 24 de mayo, varios alpinistas que estaban a punto de coronar la cima del Everest, se quedaron de piedra al ver como un hombre dirigiendo una enorme ala delta pasó a escasos metros de sus cabezas en vuelo picado. El hombre no era otro que Angelo D’ Arrigo cumpliendo un reto que hasta el día de hoy nadie ha vuelto a realizar, al lanzarse desde 9.000 metros y sobrevolar la cima del pico más alto del planeta, soportando temperaturas de 50 grados bajo cero durante cuatro horas y alcanzando velocidades de 200 kilómetros a la hora. A parte de la mítica marca deportiva que consiguió en el Everest, aquel trabajo de campo sirvió para reintroducir un águila del Himalaya nacida en cautiverio, especie en grave peligro de extinción.  Aquella irrepetible gesta terminó por encumbrar a un hombre al que comenzaron a apodar como el hombre pájaro o el cóndor humano.

SOBREVOLANDO EL EVEREST Foto www.angelodearrigo.com
Un año más tarde volvía a elevarse con sus alas postizas para sobrevolar la mítica cordillera andina y el impresionante Aconcagua, recorriendo la distancia que separa Buenos Aires de Santiago y maravillándose al contemplar por vez primera el regio vuelo de los cóndores a más de 10.000 metros de altura. Este mismo año vio la luz su libro “En volo sopra il mondo” en cuyas páginas narra sus increíbles experiencias a lomo de parapente, tiñendo cada letra de amor y respeto para y por las aves del mundo.

SOBREVOLANDO EL ACONCAGUA Foto www.explorersweb.com
Posiblemente el avistamiento de aquellos cóndores volando libres sobre la cordillera andina, le llevó a centrarse totalmente en el que sería a la postre su último proyecto ornitológico. Inca y Maya fueron los nombres que Angelo puso a dos crías de cóndor que nacieron en el laboratorio de biología del Falcon Breeding Center de Viena, y que le fueron cedidas para ponerlas en libertar en su medio natural.

Foto www.bolg.daum.com
Lo cóndores no son capaces de volar sin la ayuda de sus madres. As í que Angelo, una vez más, optó por asumir ése gran compromiso y se dedicó en cuerpo y alma en la crianza de los pequeños polluelos. Cuando Inca y Maya apenas eran dos pequeños huevos, Angelo estuvo presente en todo el proceso de incubación llevado a cabo en una granja de experimentación aviar situada en la falda del monte Etna. 

ANGELO CON INCA Y MAYA Foto www.explorersweb.com
En este lugar, rodeado de altas cumbres y grandes y solitarias extensiones de terreno solitario, nacieron Inca y Maya, y desde bien temprano Angelo comenzó a impartir las primeras clases de vuelo. Para que las aves no extrañasen la silueta del que consideraron su progenitor, la tela del parapente estuvo cubriendo el nido durante toda la incubación para que las pequeñas aves se acostumbrasen a su presencia.

Foto www.explorersweb.com
Un año antes de que Inca y Maya pudieran ser puestas en libertad en el valle de Urubamba (Perú) Angelo D’ Arrigo moría de forma trágica.
El día 26 de marzo de 2006, con tan solo 44 años de edad y mil sueños y aventuras aún por completar, el genial Angelo fallecía al precipitarse el ultraligero que pilotaba un amigo y en el que él era el acompañante en una exhibición en la localidad de Comiso en Sicilia.

Foto www.ragusanews.com
El trágico suceso conmocionó al mundo del deporte extremo y a la sociedad ornitológica. Moría un emblema, un icono del aire, un soñador, un gran aventurero y amante de las aves y la libertad. Laura, su esposa y sus tres hijos, completaron su sueño y finalizaron el proyecto Cóndores del Perú con el compromiso del gobierno peruano, poniendo en libertad en el valle sagrado de Machu Pichu a Inca y Maya, quienes seguramente fueron acompañadas muy de cerca en ese día tan especial por el alma incansable y soñadora de Angelo D` Arrigo.

PASEANDO CON SU MUJER LAURA MANCUSO Foto www.blumedia.info
En el año 2006 le fue concedido el prestigioso premio Laureus (como mejor deportista del mundo) en la categoría de deportes extremos. La votación que determinaba al galardonado se cerró tiempo antes del trágico accidente de Angelo. Su esposa Laura Mancuso fue la encargada de recoger el premio en el Forum Auditorio de Barcelona profundamente emocionada y rodeada del calor y la admiración de un público entregado hacia el trabajo realizado por su marido.

Foto www.flymicro.com
Le faltó sentir que su cuerpo se llenaba de plumas. Le faltó ver como al final de sus extremidades le crecían garras o palmípedos apéndices a la vez que en su rostro aparecía la curvatura vigorosa de un pico afilado. Le faltó ser capaz de ver una presa a gran distancia, y disfrutar sin arneses ni anclajes de propias y sedosas alas capaces de llevarle a cualquier lugar del mundo.

Foto www.aventuraitalia.it
Le sobró pasión, como le sobraba coraje y valentía, y su vida estuvo guiada por un sueño idílico y fabuloso hasta el final de sus días. Y soñando ser ave…, condujo sus postizas alas entre las nubes de las más altas cumbres dejándose llevar por las corrientes de los mares, atravesando desiertos y llanuras inmensas de hielo, conduciendo su vida arropado por las aves migratorias de medio mundo… como un pájaro más, como un ave grande y soñadora que creció en un cuerpo humano mientras su alma prefería volar con los regios cóndores, las bellas grullas, los enormes albatros, las águilas o el fugaz halcón peregrino.

Aportes y Datos:
Web Angelo DÀrrigo
http://www.angelodarrigo.com/home_es.php
El mundo.es
http://www.elmundo.es/elmundo/2006/04/03/obituarios/1144047974.html
www.summitpost.org
The Guardian
http://www.theguardian.com/news/2006/apr/01/guardianobituaries.mainsection









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