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01 junio 2014

SALTOS DEL GUAIRÁ

J.J.D.R.
El río alto Paraná guiaba su caudaloso cauce en latitudes próximas al trópico de Capricornio entre las fronteras de Brasil y Paraguay, hasta que tropezaba de repente con un angosto y quebradizo cañón de rocas gigantes que se inmiscuían en su pacífico trayecto hasta el océano Atlántico al abrigo  de la Sierra de Maracayú, en el estado del Mato Grosso y el departamento paraguayo de Cannindeyú, en las cordilleras de Amambag y Caaguazú del Paraguay.

SALTOS DEL GUAIRÁ O SETE QUEDAS
Llegado el cauce del río hasta éste punto de natural conflicto, la batalla del agua por pasar al otro extremo del cañón, se convertía en un espectáculo de suprema belleza; una batalla entre agua y tierra, una guerra de años, siglos, milenios, millones de años de duro enfrentamiento entre ambos elementos tan directos y esenciales en nuestro mundo; que terminaban maltratándose con vigor y una fuerza descomunal; convirtiendo aquel pedazo de terreno sudamericano, en una colosal embestida de diáfanos torbellinos de agua y huracanes gigantes de espuma que llegaba a oscurecer el cielo sobre el estrecho cañón pétreo, quedando mudo ante el estruendo  apocalíptico que se podía oír a gran distancia y que señalaba el lugar exacto en el cual los 18 saltos del Guairá se convertían en la mayor catarata del mundo.

Foto www.flickr.com
Hoy día no queda nada de esta maravilla natural. Aquel lugar inigualable, que fue parque Nacional de los saltos del Guairá, desapareció sumergido bajo millones de litros cúbicos de agua atrapados en la que hoy en día es la segunda represa más grande del mundo. Un paraje de ensueño, creado durante milenios por la fuerza arrolladora y paciente de la madre naturaleza, dejó de existir por gracia y honor del ser humano. Los saltos del Guairá, con un caudal de 13.000 metros cúbicos y un volumen de 49.000.000 litros por segundo, quedaron inundados en 1982 tras la construcción de la hidroeléctrica de Itaipú, proyecto llevado a cabo de manera bilateral entre los gobiernos de Brasil y Paraguay en la década de los sesenta, cuya firma definitiva se formalizó el 22 de junio de 1966. Un muro inmenso de hormigón de 14 kilómetros de largo fue construido al norte del puente de la Amistad, en las inmediaciones de la ciudad paraguaya de Hernandarias. Finalizado el megalítico trabajo de construcción, la “Pierda que suena” nombre que recibe la represa de Itaipú en guaraní, pasó a convertirse en la más grande del hemisferio sur y occidental, sólo superado por la presa de las tres gargantas de China.

REFRESA DE ITAIPU Foto es.wikipedia.org
La fatídica fecha en la que la presa abrió sus compuertas, todo un universo de orquídeas, guacamayas, hermosas magnolias, elegantes tucanes, chirriantes loros de vivos colores que engalanaban con su vuelo la selva tropical, fue devorado por el agua embalsamada a lo largo de doscientos kilómetros río abajo, por lo cuales, y de forma irremediable, una gran variedad de flora y fauna desapareció perdiéndose para siempre un rincón de incalculable valor.

Foto ea.com.py
El angosto y rocoso cañón, por el cual el río alto Paraná estrechaba su cauce de 381 metros a tan sólo 61 siendo el origen de los maravillosos saltos del Guairá, fueron dinamitados sin compasión alguna, bajo la promesa de grandes beneficios para la región y la también promesa de devolver al pueblo el sacrificio por la pérdida de lugar tan emblemático a base de beneficios que nunca llegaron. El espacio que ocupaban los 18 saltos del Guairá, tenía más del doble de volumen de agua que las cataratas del Niágara y doce veces más que las magníficas cataratas Victoria. Con este ejemplo, creo que es fácil hacerse una idea de lo impresionante que debió ser disfrutar de los saltos del Guairá cuando aún existían. 


El lugar dejó siempre buenos beneficios producto del turismo en la región, y anualmente acudían a contemplar el fenómeno natural gentes llegadas desde rincones de todo el globo. Cuando la presa estuvo culminada y la inundación del parque Nacional estuvo próxima, una gran afluencia de visitantes llegó a colapsar a las autoridades del parque Nacional que, contaba con numerosos senderos que terminaban en abruptos barrancos que había que sortear pasando a través de puentes colgantes de madera, que si bien convertían la visita en una aventura en toda regla, también se convirtió en un trágico final de trayecto para una treintena de personas que cayeron al vacío cuando se desplomó uno de estos puentes debido al sobrepeso.

ESTO ES LO QUE HOY DÍA QUEDA DE LOS SALTOS DEL GUAIRÁ
Los saltos del Guairá fueron la frontera que marcaba el fin de la navegación para las embarcaciones que hacían travesía por el Paraná hasta el Atlántico. Cuando la dinamita destruyó lo que Gaia construyó con su paciencia limitada sólo por el tiempo, la región se convirtió en plenamente navegable. Hoy día, en algunas ocasiones en los que el volumen de la presa está muy bajo, aún se puede contemplar alguna evidencia de lo que fue en otro tiempo, no muy lejano, una de las grandes maravillas de la naturaleza.


Son muchos los que opinan que las ventajas o el beneficio que la presa supuso para la región, en nada son comparables con las ganancias que se podían haber seguido obteniendo con la preservación del ecosistema de los saltos del Guairá, si se considera la importancia que ya tenía como lugar turístico. Haber apostado por la preservación del parque Nacional, invirtiendo en turismo sostenido, no era negocio para los políticos, eso es seguro. Pero son los habitantes del lugar, los que antaño vivían gracias a los réditos que les proporcionaban las visitas anuales, quienes hoy día miran el horizonte y apenas son capaces de recordad cómo rugía el río alto Paraná cuando, desbocado y salvaje, embestía el estrecho cañón rocoso nublando el cielo con un tupido manto de arremolinada espuma.

Foto www.wordlfortravel.com
Gaia se mantiene en un efímero duermevela, agitándose de tanto en tanto, mostrando su fuerza y poder sobre todo lo que reposa en su corazón habitable. Quizás, un día, despierte por completo, y cuando mire de reojo qué hicieron los humanos con su Olimpo de vida, decidirá regenerar su reino y hacer desaparecer hasta la más ínfima señal de su existencia, toda huella de vida de la única especie que se atrevió a poner en verdadero riesgo su propia creación.

Aportes y Datos:
Linea Capital, Crónica de una desaparición anunciada.
http://www.lineacapital.com.ar/?noticia=43173
Wikipedia.org
http://es.wikipedia.org/wiki/Saltos_del_Guair%C3%A1





09 mayo 2014

LOS AWÁS

J.J.D.R.
Una obtusa ceguera guía el hierro incandescente que hurga en la herida de una selva indefensa, pura de vida, que llora y emana verde sangre tras cada árbol diezmado y abatido por el hombre.
Senderos otrora transitados por los pies descalzos de nómadas del antiguo bosque, ahora se alinean conformando embarradas carreteras por las que transitan a diario fúnebres camiones y trenes que transportan los cadáveres de cientos de miles de guardianes de vida, centinelas de una selva rota, que lamenta la desidia y la codicia humana.

TERRITORIO AWÁ 
Escondidos bajo un dosel de clorofílica floresta que les sirve de parapeto vigía, unos pocos miembros de la tribu Awá, observa con miedo el asesinato de cientos de árboles en una sola jornada. Son pocos, apenas una docena, y el miedo que sienten ante las voraces máquinas, no es nada comparado con el terror que les suscita respirar el mismo aliento que desprenden los cortadores de madera. Llevan décadas viendo morir a sus congéneres presa de las enfermedades que el hombre extranjero riega en sus dominios. Les paraliza contemplar cómo destruyen sin compasión tanta vida que les rodea. Los árboles caen a diario sin descanso y sus antiguos senderos ya no son transitables. Los animales de la selva hace tiempo que decidieron migrar y salvar sus corazones de la destrucción en su hábitat y mitigar de esta forma el dolor que padecen al contemplar la hemorragia mortal de su verde hogar. Se marchan los mil colores llameantes a lomo de batracio, los matices del arco iris tatuado en el lomo emplumado de los pájaros, el rugido místico del jaguar apenas ya es audible, mientras que el frenético batir de alas del diminuto colibrí busca alimento en lejanas flores. 

Foto www.elmundo.es
El humo gris contaminante y el ruido atronador de las máquinas son ahora signos inequívocos de un cambio radical en su territorio. Los ríos no llevan peces y sus manantiales se difuminan entre lodos infectos hasta terminar desecados.
Los Awás son cada vez menos, apenas unos cientos de individuos que padecen cada día el dolor que conlleva soportar el caminar por sus tierras bajo el yugo impuesto por el ajeno y amenazador progreso. La lucha ya no es una alternativa, al menos la física, ya que un bando carga rudimentarios arcos y pequeñas flechas, y sus enemigos portan rifles que no dudan en usar para acabar con cualquiera que se atreva a plantarles cara. La maravillosa selva es su único y seguro refugio. De ahí que pequeños grupos decidieran aislarse completamente parapetándose bajo la faz crepuscular de un manto espeso de selva virgen. El tiempo apremia para los Awás. Anualmente, la merma de tierras libres de intrusos los está arrinconando y por ello se han granjeado el terrible y triste apelativo de ser considerados la tribu más amenazada de nuestro planeta.

NIÑO AWÁ Foto www.involucrate.cl
Cada día hay menos territorio que les brinde la oportunidad de saciar su necesidad de aislamiento, su básico anhelo de soledad, el tan ansiado sentimiento de libertad que necesitan y que se ha convertido en motivo primario que les lleva a pelear hasta el sacrificio personal si es necesario.
La tribu Awá o Guajá ocupan territorios protegidos por la Funai (Fundación Nacional del indio) en tres reservas del estado de Maranhao, alto Turiaçu, Awá y Carú. La protección de la reserva se estableció en 247.000 hectáreas pero su demarcación final se vio reducida y establecida finalmente el 19 de abril de 2005 en tan sólo 118.000 hectáreas. No conformes con reducir drásticamente el territorio protegido, las multinacionales madereras y colonos ganaderos, han continuado diezmando la selva obviando los acuerdos de protección y estrechando el yugo que oprime y mata a los pocos individuos Awá que aún sobreviven. Los madereros actúan a capricho no dudando en asesinar impunemente a todo indígena que se atreve a plantarles cara. Tras el paso de las máquinas y su mísera carga de dolor y muerte la selva enferma sin remedio posible, pudriendo a la vez nuestro mundo, ése enorme pulmón que nos regala el oxígeno que a diario consumimos y nos da la vida.

DEVASTACIÓN www.elpais.cr
Los Awá son cazadores recolectores y se consideran hijos de la selva, parte de ella, podría asegurarse que están mimetizados con el ecosistema en el que viven. Su respeto por la tierra que les nutre de lo que necesitan para sobrevivir, va más allá del simple hecho de coexistir con el medio. Sienten que la selva son ellos, y ellos son selva.

DESTRUCCIÓN Foto www.ecoticias.com
No hay sendero o reducto salvaje oculto al resto del mundo que ellos no conozcan. Saben dónde buscar los ricos panales de miel, dónde recolectar frutos deliciosos y en qué lugares preparar emboscadas en los días de cacería; cuando sus largos arcos de casi dos metros aparecen y desaparecen entre la selva al compás de sigilosos movimientos imposibles de detectar para su presa. Siguiendo un estricto y cauteloso calendario cinegético, evitan la caza de animales fuera de la época exacta en la que saben que no alterarán el ritmo biológico y demográfico de la especie elegida, haciendo acopio de un excelente conocimiento de su entorno durante todo el año. El pecarí o la majestuosa águila arpía jamás serán cazados por ellos, ya que son animales sagrados para su pueblo. Los monos sí forman parte de su dieta. Cuando salen de caza y el primate abatido es una hembra, la cual tiene crías aún en edad de ser amamantadas, estas son llevadas al poblado y las mujeres Awás se encargan de amamantar a los pequeños hasta que pueden valerse por sí mismos, momento en el que son liberados de nuevo. Con este simple ejemplo, creo que es posible hacerse una idea de cuan enorme es el vínculo que une, como en un invisible cordón umbilical, la selva y el corazón puro y ajeno de prejuicios de los individuos del pueblo Awá.

AMAMANTANDO A UN PEQUEÑO MONO Foto www. survival.es
Un poblado itinerante Awá es un terreno en el que diferentes especies de animales conviven integradas con los usos y costumbres de los hombres, mujeres y niños de la tribu. Monos, coatíes, algunos zopilotes y hasta jabalís, corren entre las piernas desnudas de los pequeños y son tratados como iguales. Los animales son una parte esencial en la educación del individuo desde su más tierna infancia, siendo habitual ver a una cría de mono enganchada al seno de una mujer a la vez que ofrece su otro pecho a su hijo.

EN SU MUNDO ANCESTRAL
Los primeros contactos con los Awás fueron establecidos en el s XIX, aunque la primera documentación al respecto está fechada en marzo de 1973. La década de los 70 será el comienzo del genocidio del pueblo Awá y de su selva. Cifrar la cuantía de asesinatos y muertes violentas es tarea imposible. Difícil es cuantificar el dolor y la sangre derramada cuando solo un eco mudo y aislado en medio de una selva infranqueable es la única prueba de dichos crímenes. La medida adoptada por algunos grupos Awás fue la de escapar y aislarse en lo más recóndito de sus tierras para evitar ser exterminados. Se sabe de ellos gracias a los breves y escasos contactos que tienen con sus congéneres que viven en las reservas protegidas.


El proyecto Gran Carajás llegó como un trueno en medio de un oasis de metal. La construcción de carreteras y el ferrocarril que atravesaría el territorio Awá, así como el hecho de haberse encontrado minas ricas en hierro, fue el origen de la llegada de empresas explotadoras de recursos, colonos sedientos de poseer tierras a bajo coste, y pistoleros sin alma y de gatillo fácil dispuestos a hacer desaparecer a todo ser viviente que se interpusiera en su camino o en el de las empresas para las que trabajan. La Funai decidió tomar cartas en el asunto pero, el vacío legal sumado a los extensos territorios brasileños y la falta de medios, no pudo evitar una escalada de violencia desastrosa. Aún hoy día, a pesar de haberse dictado en varias ocasiones sentencia a favor de los Awás y el desalojo de sus territorios tanto a empresas, colonos, como a los muchos acaudalados terratenientes afincados en ellos, se ha hecho caso omiso al respecto.

Foto www.survival.es
Desde hace años, afortunadamente, el ojo crítico internacional tiene fijado su objetivo en la tragedia de un pequeño pueblo del norte de Brasil, fundamentalmente gracias a la acción de concienciación que, agencias internacionales como Survival, ha llevado a cavo de manera brillante mostrando al mundo entero las desalmadas actuaciones de numerosas empresas en los territorios protegidos. 


Lo malo es que el tiempo, en la situación que viven los Awás, sí es verdaderamente oro, y sólo la acción inmediata del gobierno brasileño puede poner fin a una tragedia que, lamentablemente, quizás esté ya en un punto de no retorno. Estimaciones recientes cifran en unos 400 los individuos que sobreviven tanto en las reservas como aislados. Sobre estos últimos, se sabe que son nómadas y que cargan con sus enseres tras la búsqueda de lugares seguros llevándose con ellos como tesoro los rescoldos de su última hoguera para iluminar su próximo campamento.

 OCASO Foto www.soldepando.com
En fechas muy recientes, un halo de esperanza y luz sobrevuela el manto verde de selva que guía los pasos de los Awás. Atendiendo las numerosas denuncias y los gestos de apoyo de notables personalidades de numerosos ámbitos sociales de todo el mundo a través de la campaña de Survival, el gobierno brasileño ha enviado notificaciones a todos los colonos asentados en territorios protegidos notificándoles que deben abandonar las tierras usurpadas en un plazo de 40 días. Acción esta que se ha llevado en colaboración con diferentes ministerios brasileños, la FUNAI, policía federal y departamento de presidencia, que ha enviado un contingente de 200 soldados para hacer valer el dictamen judicial.
Casi un 34 por ciento del territorio de los Awás ha sido deforestado.
Deseo profundamente que no sea demasiado tarde.

Foto www.elmundo.es

Sangra la selva. Su grito de lamento es un eco vacío de sonido, tan eterno y profundo, como la vida misma. Muere la selva, y su mortaja tejida con codicia, arrastra el sayo mortuorio por senderos tan viejos como el propio mundo.

Sangra la selva. El hierro mortal penetra en la carne del bosque arrancando úteros de vida, desecando el manantial que da la vida al bosque. Máquinas infernales arrancan los árboles, pudren los ríos, destierran cualquier señal de vida animal y masacran la tierra. Eléctricas sierras parten en dos los cuerpos de pinocho de millones de viejos guardianes del bosque, indefensos centinelas que caen ante el arrollador y diabólico embiste del ser humano.

Foto www.elmolinoonline.com
Sangra la selva. Y por su herida abierta supuran los últimos estertores de un pueblo que se ve morir lentamente junto a ella; gritando un lastimero eco carente de sonido pero que llega hasta el último lugar de la eterna amazonia brasileña y que pide al viento, al agua del río, al sol que penetra entre la floresta, que se haga voz y grite a los cuatro vientos que los Awás y la selva amazónica son, pese a quién le pese, un sólo, un todo, la esencia de una eterna realidad que lucha por seguir existiendo.

Foto www.panoramalatino.es


Este escrito en defensa de la tribu Awá, lo redacté hace algunos meses. Hoy día, cuando me dispongo a publicarlo, me congratula poder añadir que, finalmente, y según publicaba hace escasos días en su web Survival, los colonos ilegales han sido expulsados de los territorios protegidos. No podía haber mejor noticia para poner fin a esta historia. Sólo espero que se haga justicia, y que los Awás, al fin, puedan vivir en paz.

Aportes y Datos:
Survival Internacional
http://www.survival.es/awa
Tribuna Complutense
http://pendientedemigracion.ucm.es/cont/descargas/prensa/tribuna1821.pdf
Tribuna Complutense
http://pendientedemigracion.ucm.es/cont/descargas/prensa/tribuna1036.pdf
ABC
http://www.abc.es/20120425/ciencia/abci-awas-tribu-mundo-201204250952.html
El Mundo
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/24/ciencia/1335264898.html
Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Aw%C3%A1_(Guaj%C3%A1)





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